Opinión

El lastre de la informalidad

 
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Comercio ambulante. (Cuartoscuro/Archivo)

La productividad de nuestro país tiene un ancla que no la deja avanzar: la economía informal.

De acuerdo con los datos actualizados que el Inegi reveló el viernes pasado, 23.7 por ciento del PIB proviene de la economía informal.

Sin embargo, esta parte de la economía mexicana ocupa 57.8 por ciento de la población ocupada.

Lo anterior quiere decir que mientras que el PIB por persona ocupada ascenderá este año a 361 mil pesos para el conjunto de la economía, en la economía informal el nivel será de 148 mil pesos anuales por ocupado mientras que en el sector formal la cifra será de 652 mil pesos anuales por individuo ocupado.

Específicamente en el llamado sector informal, que es la parte de la economía informal en la que los establecimientos sin registro están en los hogares, el PIB generado por persona ocupada es incluso un poco menor, de 145 mil pesos anuales.

Esta simple cuenta deja ver que en la medida que la informalidad descienda, la productividad global de la economía mexicana aumentaría y con ella también los niveles de ingreso de gran parte de la población.

Otro dato relevante que presenta el Inegi es el diferencial de ritmos de crecimiento del PIB entre el sector informal y el formal.

El PIB creció a una tasa promedio de 2.6 por ciento entre 2003 y 2014.

Sin embargo, el componente del PIB que representa la economía informal creció sólo a 1.7 por ciento.

Si la economía mexicana pudiera haberse deshecho de la economía informal, su ritmo de crecimiento promedio anual hubiera sido de 3.2 por ciento para el periodo referido.

Bajo esta óptica, el problema de la informalidad no es el hecho de que ese segmento de la economía no contribuya con impuestos en la medida que lo hace la economía formal.

El problema principal es que se trata de un segmento que tiene una escasa productividad y que además tiene un ritmo de crecimiento que es apenas poco más de la mitad del que tiene la economía formal.

Se trata de millones de unidades económicas en las que prevalece el autoempleo o bien hay microempresas, en muchas ocasiones con integrantes de la familia que no tienen remuneración o se encuentra en el nivel más bajo.

Uno de los factores que contribuyen a esta circunstancia económica es la baja escolaridad.

El promedio nacional está apenas arriba de los nueve años, pero en ciertas entidades está apenas arriba de siete.

La base para incrementar los ingresos de la mayoría de las unidades económicas en el país sería un incremento de la escolaridad y la creación de una cultura empresarial de la que carecemos.

Las unidades económicas informales tienen alta mortandad. Aparecen y desaparecen. Sus ocupados son el típico “mil usos”, que simplemente va a la búsqueda de los ingresos para la sobrevivencia.

Y para incrementar los años de escolaridad se requieren programas sociales armado de manera coherente, que apoyen a quienes requieren quedarse más tiempo en la escuela para emprender posteriormente un trabajo productivo mejor remunerado.

Mientras no aligeremos la carga de la informalidad, va a ser muy complicado lograr que la economía mexicana despegue como queremos.

Twitter: @E_Q_

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