Opinión

El laberinto de la negociación con EU

 
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El laberinto de la negociación con EU.

En la semana que está terminando hemos observado que la negociación que habrá de sostenerse con Estados Unidos será un auténtico laberinto.

Por un lado, el gobierno mexicano se enfrenta a un presidente estadounidense que busca cumplir las promesas que hizo a sus electores, una de las cuales es renegociar el TLCAN.

Pero, al mismo tiempo, hay otras promesas vinculadas con México, como la expulsión de los indocumentados de Estados Unidos (EU) y la construcción del muro.

Y además, nos enfrentamos a un presidente recién llegado que desprecia las formas diplomáticas y que conduce las cosas a su arbitrio.

Por si faltara algo, el propio aparato de gobierno de Estados Unidos tiene varias caras, con estilos y objetivos diferentes, que están compitiendo entre sí. Y México tiene que lidiar con esas contradicciones.

Lo que sucedió desde la semana pasada y ha sucedido a lo largo de esta es una prueba clara de la complejidad que tiene la relación y de los desafíos que impone la nueva etapa.

Pese a todo, en medio de los tironeos, filtraciones, sorpresas y demás, el saldo no es negativo.

Ha comenzado de facto la renegociación del TLCAN, aunque Trump aún tenga que notificarlo formalmente al Congreso.

El comportamiento de la paridad del peso frente al dólar que ayer llegó a mínimos desde el 21 de diciembre, al tocar 20.43 pesos, refleja una percepción que ya no ve amenazas tan grandes como en los días previos a la toma de posesión de Trump.

Pero no nos engañemos, en los siguientes meses existe el riesgo de que las cosas no estén tranquilas en el mercado cambiario y de que veamos nuevas alzas.

El hecho de que la negociación del TLCAN camine no necesariamente quiere decir que vaya a terminar bien.

Más allá de los impulsos nacionalistas, la realidad del mundo económico es que si esa negociación se descarrilara en algún momento de los siguientes meses, probablemente afrontaríamos una situación de incertidumbre e inestabilidad que pegarían fuertemente a la economía.

Una cosa es que México pueda vivir sin el TLCAN, de ser el caso, lo que es perfectamente correcto si nos acogemos a las reglas de la OMC en el comercio con Estados Unidos, y otra muy diferente es que el fin del TLCAN no tuviera costos para el país. Los tendría, y muy elevados.

La situación sería mucho más compleja si, al margen de la negociación del tratado comercial, el gobierno de Trump y el Congreso decidieran ir hacia delante con la reforma impositiva para bajar el ISR a las empresas y a las personas e instrumentar el “ajuste fronterizo” al ISR corporativo.

Esto golpearía directamente al consumidor norteamericano y a los precios de las exportaciones que llegan a EU, incluyendo, desde luego, las mexicanas.

Si esta semana ha parecido difícil por el tema de las filtraciones sobre el asunto de las tropas, y la pasada por la cancelación de la visita de EPN a Washington, no nos sorprendamos de que en la próxima las cosas sean difíciles por cualquier otro motivo.

Ya hemos visto cómo puede jugar la administración Trump, o alguna parte de ella. La clave ahora será que México responda con una diplomacia eficaz… aunque también tenga que tomar algunos caminos heterodoxos.

Twitter: @E_Q_

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