Opinión

El irresistible ascenso
de AMLO

1
     

     

AMLO realizó hoy mitin en la Gustavo Baz. (Eladio Ortiz)

La noche del primero de julio de 2012, una vez que se anunció la ventaja de Enrique Peña Nieto, supimos que López Obrador se lanzaría, por tercera ocasión, por la presidencia de la República.

A principios de este año, cuando anunció, tronante, su decisión de iniciar la marcha hacia Los Pinos, promoviendo los candidatos de Morena en la elección intermedia, entendimos que contaba con los recursos necesarios para convertirse en precandidato de la izquierda.

La victoria de Morena en cinco delegaciones, aunada a la mayoría en la Asamblea Legislativa, y la severa derrota que sufrieron Miguel Angel Mancera y el PRD, lo han posicionado como el candidato indiscutible de la izquierda en 2018.

Paulatinamente, los astros y acontecimientos se han ido alineando a su favor. AMLO no sólo estará en la boleta, sino se perfila como un rival de enorme peso en la contienda por la presidencia de la República.

Primer dato a considerar: aunque es cierto que el PRD sufrió un fuerte descalabro, la izquierda en su conjunto se está reajustando; si se suman los votos por Morena, PRD, Movimiento Ciudadano y Partido del Trabajo se alcanza un 28 por ciento de sufragios, es decir, un punto abajo del PRI y siete puntos arriba del PAN.

Así que si la izquierda se unifica en 2018 tras una sola candidatura, la de López Obrador, arrancaría con una fuerza equivalente a la del PRI y por encima del PAN.

Segundo factor: la ventaja estratégica. Morena le está disputando al PRD el primer lugar en la capital de la República, que por razones evidentes tiene una proyección nacional. Todo lo que ocurre en la ciudad de México, desde las marchas de la CNTE hasta la aprobación de la reformas, recibe una amplia difusión.

López Obrador sabe perfectamente de qué se trata y cómo aprovecharlo. Durante su jefatura de Gobierno convirtió sus conferencias matinales en la plataforma que le permitió arrancar como el gran favorito en 2006. Amén que en este momento es el candidato más conocido y se encuentra ya en campaña.

Ahora, como primera oposición en la ciudad de México, utilizará su fuerza para criticar y desmarcarse de Miguel Mancera y del PRD. Su estrategia apuntará no sólo a debilitarlos más, sino a presentarse como la única y verdadera oposición a “la mafia en el poder”. La polarización será su santo y seña.

Ese discurso ya probó su eficacia. Le sirvió para oponerse al Pacto por México y, por añadidura, le permitió captar el voto de castigo contra los 18 años de hegemonía perredista en el DF. Abandonarlo, en este momento, no tendría sentido alguno.

Por otra parte, los errores y las políticas del gobierno federal se han transformado en uno de los principales motores de la campaña de López Obrador. De la 'casa blanca' a Malinalco, pasando por la reforma fiscal, la baja tasa de crecimiento y los escándalos de corrupción en los estados, se ha generado un malestar ciudadano contra la clase política en su conjunto.

Por eso, la victoria de El Bronco, la apabullante derrota del PRI en la zona metropolitana de Guadalajara, el triunfo de Morena en el DF y la alternancia en cinco estados, además de un gran número de municipios, pueden considerarse variantes de una sola tonada: el hartazgo ciudadano.

Con dos agravantes: no hay evidencia de que la clase política en el poder esté entendiendo la profundidad del malestar con el actual estado de cosas. Ni tampoco hay margen para suponer que la política económica, el combate a la violencia y las reformas estructurales, darán frutos en los próximos dos años.

Por lo demás, todo proceso de reforma profunda crea inconformidad en amplios sectores de la población, como sucedió entre 1988 y 1994. Sólo el paso del tiempo y los resultados tangibles pueden cambiar la percepción ciudadana.

No hay duda, pues, que López Obrador seguirá utilizando un discurso maniqueo y contestatario. Sus apuestas inmediatas son claras: consolidar Morena y fortificar su candidatura. ¿Significa eso que descartará, en forma definitiva, la alianza con el resto de la izquierda? No, no necesariamente, simplemente la estaría postergando para la etapa final.

A menos, claro está, como advierte Pablo Hiriart, que la soberbia lo ciegue y se sabotee a sí mismo una vez más.

Twitter: @SANCHEZSUSARREY

También te puede interesar:
Victoria amarga
La recta final
El problema de fondo