Opinión

El infortunio de la inversión productiva

 
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El infortunio de la inversión productiva.

Padecemos en México un cuadro que podríamos llamar de 'apatía económica'.

Fuera del muy destacable desempeño del consumo privado, que ha mantenido a flote la actividad, el resto no avanza.

Pero quizá lo que más nos deba preocupar sea el comportamiento de la inversión productiva.

A principio de este mes se ofreció el dato correspondiente a mayo. Con cifras desestacionalizadas –que son las que nos permiten una mejor comparación– hubo una caída de 0.1 por ciento. Con ello, por primera vez desde 2013 se presentaron dos meses consecutivos con signo negativo.

El dato de inversión sugiere, como otros que le hemos comentado en este espacio, una menor actividad económica para la última parte del año.

Pero lo más relevante, a mi parecer, no es ni siquiera el mal desempeño de corto plazo, sino el freno de largo plazo.

El ritmo de crecimiento promedio de la inversión para los primeros cinco meses, entre 2012 y 2016, es decir, a lo largo de este sexenio, es de 1.45 por ciento en promedio.

Y, aunque la evolución del consumo es muy importante, la única manera de mantener el crecimiento de largo plazo es con un crecimiento de la inversión superior al crecimiento de la economía.

Y en México hemos tenido lo contrario, pues el PIB creció a un promedio de 2.0 por ciento para el mismo lapso.

Pero, como detectó el economista Jaime Ros, este comportamiento no es sexenal, sino que se agravó tras la crisis de 2008-09.

El crecimiento medio de la inversión para el lapso de los primeros cinco meses, entre 2008 y 2016, es de 1.0 por ciento.

Si vemos un periodo prolongado, previo a la gran crisis, desde 1993 hasta 2008, observamos que la inversión fija bruta creció a 4.8 por ciento anual promedio, un ritmo superior al del crecimiento del PIB, que en ese periodo promedió 2.8 por ciento para los primeros semestres.

En la estrategia económica de esta administración, las reformas estructurales se habrían de convertir en motores de la inversión, en vías para detonarla en sectores como las telecomunicaciones o la energía.

Pero, por ahora, no se aprecian en los resultados.

La inversión pública va en reversa. Según los datos de las Cuentas Nacionales, la realizada en el primer trimestre de este año fue 21 por ciento inferior en términos reales a la del primer trimestre de 2012.

Ese freno no ha sido compensado por la inversión privada.

No es ninguna novedad decir que la inversión privada se realiza en función de las expectativas y desde finales de 2014 este gobierno ha fallado en la generación de expectativas favorables.

Pero lo más preocupante es que se ve el horizonte muy nublado. Trump y la agenda que introdujo en la elección presidencial de Estados Unidos ya enturbió las expectativas de este año.

Aun suponiendo que se mantengan las tendencias que han marcado las encuestas desde hace tres semanas, Hillary Clinton seguramente estará inclinada a apretar a México en temas como política comercial y derechos humanos.

Y para 2017 tendremos un año contaminado por la antesala de la elección presidencial de 2018, con todo lo que ello implica.

Si el gobierno no acepta que debe dar un golpe de efecto –no sé cómo– para modificar el estado de ánimo, es probable que tengamos escasa inversión… por lo menos hasta 2018.

Twitter: @E_Q_

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