Opinión

El impacto del recorte
de 2017

 
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El impacto del recorte de 2017.

Al conocerse los Precriterios de Política Económica para 2017, se observó que el gobierno tiene planeado un nuevo recorte del gasto público para el próximo año.


Será el segundo, de acuerdo con la información de la Secretaría de Hacienda, pues en 2015, aunque se suponía que se reduciría el gasto, en realidad el gasto público total creció en 0.7 puntos del PIB, para alcanzar 26.9 por ciento del valor de la economía.

Así, de 2012 a 2015, en los tres primeros años de esta administración, el gasto público total creció 1.9 puntos del PIB.

El impulso al crecimiento viene de más atrás. Durante el sexenio de Fox, el gasto público total pasó de 19.1 por ciento del PIB a 21.4 por ciento, es decir, aumentó en 2.3 puntos porcentuales del PIB.

Y en el sexenio de Calderón el aumento fue de 3.6 puntos del PIB.

Es decir, durante las dos administraciones del PAN, el gasto realizado por el sector público federal creció en 5.9 puntos del PIB.

Para este año se plantea una reducción del gasto total equivalente a tres puntos del PIB, y para 2017 se reduciría en otro punto porcentual adicional.

Pese a esos recortes, el gasto público como proporción de la economía todavía estaría por arriba en 1.9 puntos porcentuales del PIB al que existía en el año 2000.

Las cifras anteriores muestran que los recortes están lejos de representar una tragedia para la economía… si no se recortara la inversión.

Mientras que el gasto público total creció en 5.4 puntos de 2000 a 2012, la inversión física lo hizo en 2.2 puntos. Es decir, aproximadamente 60 por ciento del crecimiento del gasto en las administraciones del PAN fue en gasto corriente.

En esta administración, de los 1.9 puntos de crecimiento del gasto público en los primeros tres años del gobierno de Enrique Peña, no le tocó nada a la inversión pública.

Las proyecciones actualizadas para 2016 y 2017 no permiten saber con exactitud cómo le va a ir a la inversión pública. Sin embargo, por lo menos en el acumulado de los dos primeros meses del año tiene un retroceso de 24.2 por ciento en términos reales, que más que duplica la caída general del gasto.

Es correcta la posición de Hacienda de anticipar un Presupuesto para 2017 que quite presiones sobre la deuda pública y que redimensione a la baja el gasto público que las origina.

Sin embargo, me temo que quien va a pagar la factura de esta reducción es la inversión.

Sin mitificar a la inversión pública –pues puede haber algunas que son un desastre– creo que tiene más posibilidades de impactar positivamente en la economía que el gasto corriente, y no se visualiza que éste vaya a ser realmente ajustado.

Así como la caída de ingresos está siendo una oportunidad para que Pemex se racionalice, así la reducción del gasto público debiera ser una oportunidad para hacer una verdadera reingeniería del sector público en México.

Desafortunadamente, por sus costos políticos, me temo que a estas alturas del sexenio ya no la vamos a ver.

Twitter: @E_Q_

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