Opinión

El 'humor social', discurso dedicado a…

 
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El ‘Humor social’, discurso dedicado a…

Si usted habla mal de México, usted es: 1) un mal mexicano, 2) un pejezombie (aunque sea de clóset, pero pejezombie), 3) un empresario, 4) todas las anteriores.

Si usted es del gabinete del presidente Enrique Peña Nieto y escucha o lee a alguien quejarse de la situación, probablemente creerá que a ese alguien le aplica –como una calca– la respuesta 4: estamos ante un espécimen de mal mexicano empresario, pero pejezombie de corazón.

El gobierno de la república lleva semanas haciendo una atenta invitación a ver el lado positivo. “Vale la pena que dejemos el mal humor, vale la pena que dejemos la crítica sin fundamento y vale la pena que nos demos cuenta que tenemos un gran país”, dijo el secretario José Antonio Meade hace quince días en Campeche.

El corazón del discurso de Meade fue retomado el lunes por el presidente, que al inaugurar el Tianguis Turístico en Guadalajara: “Sé que a veces pueden decir, y leyendo algunas notas, columnas y comentarios que recojo de aquí y de allá, en donde se dice, es que no hay buen humor, el ánimo está caído, hay un mal ambiente, un mal humor social, pero déjenme decirles que hay muchas razones y muchos argumentos para decir que México está avanzando”.

Que en este sexenio se intente culpar al mensajero no tiene nada de nuevo ni, por el momento, de relevante. Pero, ¿a quién más podría estar dirigido este mensaje?

Una respuesta podría ser a los que no les va mal pero no hablan bien… es decir a los empresarios que, como ha escrito Enrique Quintana, tienen buenas cifras pero malas expectativas (http://bit.ly/1pJQxNY).

Porque hay secretarios de Estado que están convencidos de que el llamado mal humor social es cosa de los opinadores de la capital (que no salimos a ver la realidad del país) y de los empresarios.

El equipo que llegó al poder con un diccionario donde no aparece el concepto de conflicto de interés, no debe encontrar nada gracioso el apoyo de la iniciativa privada para la histórica recolección de firmas de la llamada Ley 3de3.

Y tampoco habrá sido del agrado del gobierno de las casas que el miércoles la Confederación Patronal de la República Mexicana haya demandado en el Senado, y de manera simultánea en 35 ciudades, la aprobación del paquete de leyes del Sistema Nacional Anticorrupción. La Coparmex demandó iniciar una cruzada contra la corrupción, argumentando que “el binomio perverso de la corrupción y la impunidad es uno de los problemas más graves que tenemos como país y que impiden nuestro crecimiento y desarrollo. La corrupción nos cuesta como país alrededor de 10 por ciento del PIB y a las empresas hasta un 5.0 por ciento de nuestras ventas anuales. Pero el costo social es aún mayor: 14 por ciento del ingreso promedio anual de los hogares es destinado a ‘pagos extraoficiales’ e, incluso, está demostrado que hay una correlación directa entre la corrupción y los niveles de violencia”.

La cuestión es que en el gobierno están lejos de considerar prioritaria una cruzada de ese tipo, como ha quedado demostrado con el zigzagueo del PRI ante el SNA.

La cuestión es que según la administración Peña, como en el tema de la violencia y los derechos humanos, no es cierto que haya crisis por corrupción. Es más, en vista de los resultados de la Función Pública, ni siquiera hay casos aislados. A lo más que llegamos es a gente que se queja demasiado: periodistas y empresarios, esos pejezombies que con su cantaleta le hacen coro a AMLO.

Twitter: @SalCamarena

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