Opinión

El humanismo del Quijote

 
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"El Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha" fue escrito por Miguel de Cervantes Saavedra en 1615.

Para Jaime Fernández, S. J. reconocido cervantista
en los 400 años (22 de abril) de la muerte de Cervantes.


Víctor Manuel Pérez Valera.

Se ha dicho que después de la Biblia, el Quijote es el libro más traducido y editado. La profunda concepción de su mundo y de la vida, nos revela la médula del ser humano: el misterio de su ser enigmático, lo maravilloso de sus sueños y esperanzas, lo trágico de sus deficiencias y fracasos. El hombre es un ser itinerante, ser es estar en camino, y los caminos del Quijote de locura y cordura siguen siendo una gran enseñanza para el hombre del siglo XXI.

Fedor Dostoyevski opinaba que: “No puede hallarse una obra más profunda y poderosa que Don Quijote. Representa, hasta el momento, la más grandiosa y definitiva palabra de la mente humana; y también la más amarga ironía que puede formular el hombre”.

Ahora bien, para comprender mejor el Quijote conviene conocer, al menos un esbozo de la trágica y heroica vida de su autor. De noble linaje, venido a menos, heredó la extrema pobreza de su padre. Los sueños de Cervantes terminaron en fracasos. En la batalla de Lepanto, no obstante que padecía una grave calentura, se batió como un héroe en el sitio más peligroso, fue herido en el pecho y en la mano izquierda, que le quedó arruinada, por el resto de su vida.

Curó sus heridas en el hospital de Mesina, y cuando intentaba regresar a España, ya muy cerca de la costa cayó preso de los turcos que lo vendieron como esclavo en Argel. Don Miguel, de espíritu indómito, intentó en vano, cuatro veces fugarse. A la postre un fraile trinitario lo rescato por 500 escudos, en cambio, de la Corte de Felipe II sólo recibió 50 escudos con los que no pudo mejorar la extrema miseria por la que pasaba su familia. Consiguió el oficio de alcabalero, en el que en nombre del rey recolectaba trigo y aceite. Así, recorrió caminos polvorientos, bajo la lluvia o el sol abrasador de Andalucía. Acusado falsamente de lucrar con su oficio fue encarcelado en dos ocasiones, en la segunda, pasó tres meses en la cárcel de Sevilla. Ante su mala estrella, llevó su sufrimiento con resignación y sin duda con alguna sonrisa, puesto que nunca se amargó. En la cárcel fue quizá donde fraguó y comenzó a escribir El Quijote. Los libros de caballería le habían hecho daño, habría que acabar con esa literatura, con la concepción de una nueva caballería, que mezclara sabiamente la locura y la cordura. Se trataría de una locura idealista que no obstante los fracasos, luchara por un mundo mejor.

El tópico de la locura es muy complejo, tiene rasgos sublimes y trágicos. Don Quijote reconoce: “no soy tan loco ni tan menguado como debo de haberle parecido” dijo al Caballero del verde gabán. Cervantes destaca en su héroe sus palabras llenas de cordura y la gran bondad de su corazón. En cambio, fustiga a los que se burlan de las personas dementes: “son tan locos los burladores como los burlados”.

Al margen de la historia de sus protagonistas, Cervantes narra algunos episodios, cuentos e historias de gran contenido ético, como el de la aventura del Curioso impertinente en el que enseña de manera dramática la primera ley de la amistad: que no se pidan cosas que no son honestas, ni las hagamos si nos las piden. El fin del Quijote en palabras de Cervantes es “poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballería”. Sin embargo, no se excluye que Cervantes, quizá inconscientemente, tuviera una finalidad más profunda y trascendental, como el presentar el complejo mundo humano, con sus ideales y aberraciones, mediante una sátira social y psicológica de la vida cotidiana, de lo humano e inhumano del ser humano.

En nuestro siglo ya no existen libros de caballería, pero encontramos en muchos aspectos una literatura alienante y en los medios de comunicación, muchos tipos de películas, telenovelas y miles de páginas de internet con esas características, para no hablar del fomento de algunos tipos de adicciones que pueden terminar desquiciando las facultades mentales e incluso conducir a una verdadera locura y a la comisión de delitos. Debemos cuestionarnos sobre nuestros entretenimientos y diversiones, que no sólo nos pueden sacar de la realidad, sino fomentar las pasiones desordenadas en las que prevalece la necedad sobre la razón.

Queda la pregunta: ¿cómo fomentar en nuestro mundo el gran ideal quijotesco de una vida en que se realice las esenciales normas jurídicas, que son el mínimo de ética exigible?: “vivir honestamente, no dañar a nadie, dar a cada quien su propio derecho”

El autor es profesor emérito de la Universidad Iberoamericana.

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