Opinión

El hueco y el vacío

   
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Enrique Peña Nieto, presidente de México. (Cuartoscuro)

Al mediodía de ayer, el taller de una concesionaria automotriz comenzó a llamar a sus clientes. Su auto ya quedó, explicaban, pero estamos cancelando las entregas porque hay manifestantes.

Los 'manifestantes' no se encontraban a las puertas del establecimiento. Estaban a kilómetros de ahí, y no marchaban hacia la agencia ni cosa parecida.

Pero el temor a desmanes y saqueos, según pude constatar cuando fui por el auto un par de horas después de la llamada, era palpable en los empleados de la agencia, tanto en la parte de ventas como en el taller.

Temían lo peor. No paraban de asomarse por los ventanales. Y no dejaban de revisar sus teléfonos.

A buen santo se arrimaban esos temerosos empleados: las redes sociales hervían con 'noticias' de supuestos saqueos, el miedo se propagaba de whatsapp a whatsapp mediante 'audios' de gente que alertaba que poseía 'información' de adentro del gobierno con escenarios catastrofistas.

Y, por desgracia, no eran los únicos.

Porque al menos ayer los rumores se adueñaron del vacío dejado por los gobiernos, el federal y el de varios estados. Vacío que no se disipó, sino todo lo contrario, tras las palabras (que no mensaje o discurso, ya diré por qué) del presidente Enrique Peña Nieto, ayer en Los Pinos.

Hasta este miércoles, al gobierno de la República se le criticaba que, habiendo soltado en el periodo navideño la bomba del megagasolinazo, hubiera desaparecido. El presidente y su gabinete más ausentes que nunca (a excepción, en este caso y en este caos, de José Antonio Meade, titular de Hacienda).

La administración que no sabe calibrar los tiempos de las crisis lo hizo de nuevo. Dejó que la indignación ciudadana creciera durante días, y desde el domingo ésta ha escalado de manera ruidosa e incluso violenta.

Quien haya pensado que en su reaparición de ayer Peña Nieto aprovecharía la oportunidad para, de un solo golpe, corregir un hueco y llenar un vacío, se equivocó por completo.

El hueco a subsanar era que durante ocho semanas este gobierno ha carecido de una estrategia con respecto a Donald Trump y sus perniciosos desplantes antimexicanos.

Ayer Peña Nieto tenía el deber, sobre todo, de enfrentar el malestar ciudadano por los aumentos, de hacer un alegato articulado, didáctico y elocuente sobre la naturaleza de esa decisión. Era su deber llenar el vacío provocado no por su desaparición decembrina, sino por todos los signos gubernamentales de indolencia con respecto al duro sacrificio que supondrán para la ciudadanía las nuevas tarifas de los combustibles.

Pero cuando México más necesitaba un discurso, un mensaje, un esfuerzo de empatía, inteligencia y pasión, la ciudadanía obtuvo abulia y cantinflismos en un puñado de renglones saturados de palabras insustanciales como 'medida', que fue el término que más utilizó en su mensaje sobre los gasolinazos. Trece veces dijo esa palabra, ocho veces mencionó sociedad, otras tantas economía y cuatro veces dijo decisión y dolorosos.

El error del presidente es que ni siquiera debió partir en dos su discurso. La debilidad frente a Trump hace más caro el gasolinazo, y viceversa: no capotear con eficacia la crisis por los aumentos hará más difícil a México plantarse firme ante un enemigo como es el pernicioso millonario neoyorquino.

Peña Nieto no entendió una vez más que al subsanar el hueco frente a la amenaza que vendrá de Washington debía intentar llenar el vacío doméstico de su falta de liderazgo.

Y al no enviar este miércoles una señal que diera la más mínima confianza al respecto, sólo hizo crecer el vacío, ese que se alimenta de rumores y miedo.

Twitter: @salcamarena

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