Opinión

'El hombre que vio demasiado', México en imágenes

  
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El hombre que vio demasiado

Hacia la mitad de El hombre que vio demasiado, notable documental de la realizadora Trisha Ziff, un entrevistado afirma que para conocer un país basta ver la forma en que sus medios comunican las noticias. El México que se asoma a través de la carrera y la vida de Enrique Metinides, maestro del fotoperiodismo de nota roja, es todo menos dulce: salvaje, impúdico, morboso, casi sedado frente a la brutalidad de sus calles. Su trabajo y el de otros periodistas como él forman el meollo de la película, revelando la realidad detrás de lo que adorna (es un decir) nuestros puestos de revistas: los cadáveres que deja el crimen, los siniestros y los choques. Aquí hay pocos negocios más lucrativos que la muerte.

Pese a su temperamento flemático, Metinides es un personajazo que una vez más demuestra que la realidad supera a la ficción. Él mismo producto de una especie de accidente –sus padres estaban de luna de miel en México cuando estalla la Segunda Guerra Mundial y se ven obligados a quedarse–, desde muy chico dice sentirse atraído por la cámara. Estando aún en primaria, el chico empieza a ejercer el oficio que a la postre lo llevaría al reconocimiento internacional, trasladándose de un percance a otro en busca de la imagen más contundente. A esa edad, dice, ya veía alrededor de treinta cadáveres al día. Ahora retirado, el octogenario fotógrafo dedica su tiempo a sus muchas colecciones, entre las que destacan centenas de bomberos y ambulancias de juguete que usa para recrear en dioramas sus imágenes: un pasatiempo que parece diseñado para no olvidar (¿o será inocular?) las atrocidades que vio durante décadas.

El documental va más allá de sentencias binarias, entrevistando tanto a gente local sacudida por la prensa amarilla como a artistas extranjeros, quienes ven en la obra de Metinides una incómoda belleza (el lado oscuro de nuestro país, se sabe, adquiere un carácter exótico y cool sólo para quienes no lo padecen a diario). El propio fotógrafo parece incómodo en el papel de exportación de lujo, como si él tampoco supiera dónde deben estar sus imágenes: en la pared de un museo o el archivo de un periódico. Ziff, cineasta inteligente, se guarda su opinión.

Además de entrevistas y material grabado en las calles del Distrito Federal, El hombre que vio demasiado utiliza distintos recursos que enfatizan ideas sin tener que decirlas explícitamente. Ziff, por ejemplo, vuelve a los sitios donde Metinides tomó sus mejores fotografías y empalma, mediante disolvencias, la imagen con el presente. Nadie de quienes estuvieron ahí puede olvidar lo que ocurrió. Sólo el lugar –ese semáforo, ese andén, esa ambulancia– parece haber olvidado la tragedia. A través del trabajo de Metinides, Ziff nos pide que nos veamos y recordemos con honestidad. Una película extraordinaria sobre la relación del mexicano con la violencia cotidiana y sobre la esencia misma del arte: el horror y lo sublime.

Twitter: @dkrauze156

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