Opinión

El holocausto americano

 
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Creemos en la política como un ejercicio racional. Confiamos en que sirve para conciliar posiciones opuestas, que organiza políticas públicas a favor del ciudadano. Creemos esto a pesar de múltiples ejemplos que muestran a la política como práctica visceral, emotiva, fuera de toda razón. El histérico nazismo, el nostálgico fascismo, el nacionalismo romántico, la ilusoria fraternidad del comunismo igualitario: todos estos movimientos han apelado a la política como emoción manipulable. La política como espectáculo, común en nuestro tiempo, tiene también su origen en veneros irracionales.

La elección de Donald Trump tuvo como uno de sus resortes más poderosos el enojo de los votantes, la ira de la población blanca contra las minorías. El político, creemos, debe apaciguar las pasiones de los pueblos. No así Trump, él busca exacerbar las contradicciones sociales para captar la atención del público. Vemos que baja en las encuestas.

Que los jueces rechazan sus decretos. Que los medios liberales lo vapulean a diario. Todo esto nos hace pensar ingenuamente que no terminará su mandato. Que el Bien vencerá al Mal. No nos detenemos a considerar: ¿y si está buscado otra cosa?

Volvamos de nuevo a su principal asesor, Steve Bannon. Nacido en Virginia a principios de los años sesenta, Bannon se crió en el seno de una familia de inmigrantes irlandeses, sindicalistas y demócratas. De su origen modesto le viene la aversión a las élites. Fue oficial de marina y más tarde banquero de inversiones en Goldman Sachs, donde hizo su fortuna. Fue actor secundario y productor-guionista de documentales de propaganda conservadora antes de incorporarse al portal noticioso Breitbart, sitio de culto de la extrema derecha, medio antiprogresista con un fuerte componente de odio racial. En Breitbart sostienen que la mayor amenaza para la libertad de Estados Unidos es la corrección política que lleva a la censura, por lo que abrieron sus espacios a los mensajes radicales antiinmigrantes, racistas y antisemitas. Tras la reelección de Obama, Bannon --al frente de Breitbart--, decidió dirigir la ira de la frustrada clase trabajadora blanca contra los migrantes latinos, específicamente mexicanos.

Pero Bannon no es un simple supremacista. Su pensamiento es más complejo y peligroso. Considera, amparado en las ideas generacionales de los historiadores norteamericanos William Strauss y Neil Howe (Generations, 1991; y The Fourth Turning, 1997) que la Historia americana se mueve en ciclos de 80 a 100 años, que cada ciclo termina con una gran crisis, y que en cada uno de ellos la crisis es mucho mayor que la anterior. Distinguen estos historiadores tres momentos: la revolución de Independencia, la Guerra Civil y la segunda Guerra Mundial. Bannon piensa que la última etapa del cuarto ciclo comenzó el 18 de septiembre de 2008, cuando Obama decidió intervenir los bancos para salvarlos de la quiebra. Bannon vio en esta alianza del capital y la política el punto límite del deterioro americano. ¿Qué sigue después de esto? Bannon lo ha explicado en diferentes conferencias, sobre todo en una celebrada en el Vaticano en 2014: “Estamos en guerra contra el fascismo islámico”. En Breitbart no han dejado de repetirlo desde entonces: “Es la guerra. América está en guerra. Estamos en guerra”.

Una guerra no sólo contra el Islam. En una entrevista realizada en 2016 afirmó en forma de pregunta: “¿Vamos hacia una guerra en los Mares del Sur de China en los próximos 5 o 10 años, no es así?” Bannon cree que una gran guerra es necesaria, como fuego purificador, y que de las cenizas de ese holocausto saldrá una nueva generación, más fuerte, para refundar América y preservar el Occidente cristiano. Antes de ese renacimiento, “vamos a tener que pasar por una etapa de enorme dolor”. Bannon está en la Casa Blanca para provocar un colapso masivo del cual su país pueda renacer depurado. Es un pensador apocalíptico. Un político irracional. Y está sentado a la derecha del hombre más poderoso del mundo.

El historiador Sam Wilentz considera que las historias generacionales son sólo “una ficción”, un invento de historiadores. Bannon también cree en las ideas del filofascista y adherente nazi Julius Evola, cuyos libros son lectura favorita de los líderes de los partidos fascistas en Grecia y Hungría. Evola fue un pensador italiano antimoderno, defensor del Tradicionalismo. Con Evola, Bannon cree que ha llegado el momento del despertar de los blancos, de los Hijos del Sol.

Bannon encabeza el equipo norteamericano sobre el TLC y la política migratoria. Tendremos que vérnoslas con un hombre de este talante.

No es un político tradicional. Es un supremacista irracional. Un creyente en el Apocalipsis. Alguien que cree que sólo a través de la guerra y el dolor se puede preservar la civilización occidental. ¿Valía o no la pena marchar contra este engendro?

Twitter:@Fernandogr

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