Opinión

El Google de 'El Chapo'

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Google Earth.

Una de las principales líneas de investigación sobre la fuga de Joaquín El Chapo Guzmán es cómo sus socios pudieron hacerse de los planos del penal de máxima seguridad de El Altiplano. Las autoridades averiguan si exdirectores de la cárcel, las empresas constructoras o todos aquellos que hayan tenido acceso a ellos, los vendieron. Sobre esa línea de pensamiento se encuentra la principal sospecha de la corrupción que le abrió el camino para la libertad y en donde se fincan las acusaciones de “traición” soltadas por los más altos funcionarios del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto.

El Chapo Guzmán se ha fugado dos veces de una cárcel de máxima seguridad en menos de 15 años, lo que lo convierte en una leyenda criminal. La primera fue de Puente Grande, en Guadalajara, donde la versión oficial es que se escondió en un carrito de lavandería para escabullirse oculto entre la ropa sucia. La versión no oficial es que no se escapó el 18 de enero de 2001, sino un día antes, vestido con traje y corbata, por la puerta. Cómo se fugó ahora sigue siendo un misterio, particularmente por la precisión de un túnel que empezó a mil 400 metros de distancia y que terminó exactamente en la regadera de su celda.

El pensamiento convencional es que alguien tuvo que venderle los planos, como lo hicieron con Osiel Cárdenas, jefe del Cártel del Golfo y Los Zetas, a quien se extraditó de manera intempestiva en enero de 2007, luego de que le descubrieron en una revisión de su celda, escondidos en una pieza de piedra hueca, el mapa de ingeniería de El Altiplano. Pero cada vez hay más dudas sobre qué técnica y tecnología se utilizaron en la evasión.

Las autoridades consideran que el túnel lo diseñaron ingenieros con experiencia en minas y geólogos, y lo cavaron mineros. El túnel fue construido con tres diferentes técnicas. La primera fue una excavación apoyada con maquinaria que construyó la larga garganta a 16 metros de profundidad, supuestamente para avanzar sin topar con lo que se esperaba un piso de concreto armado, desde que atravesó las paredes exteriores del penal hasta llegar casi debajo de la celda; la segunda conectó en forma piramidal con la celda, con una extensión de seis metros cavada probablemente con una barrenadora hidráulica; y luego el último tramo de poco más de 60 centímetros, prácticamente a mano.

La precisión milimétrica de la salida del túnel es lo que intriga a las autoridades, que están buscando un GPS, acrónimo en inglés de Global Positioning System, que hubiera permitido la ubicación exacta de la regadera de la celda. Hasta ahora no han encontrado nada. Una hipótesis, que aún no toma cuerpo de línea de investigación, es que los ingenieros del túnel no utilizaron ningún mapa del penal porque no lo necesitaban. Las nuevas tecnologías les permitían poder llegar a la celda de El Chapo mediante dos instrumentos: una técnica de georreferenciación y el programa de Google Earth.

La georreferenciación permite un posicionamiento espacial a través de un sistema de coordenadas y datos específicos. Se realiza a través del Sistema de Información Geográfica (SIG), que almacena capas temáticas –como topografía, distritos, parcelas o áreas restringidas, entre otras– en forma independiente y separa su información, con lo cual permite relacionarla a través de una topología espacial de los objetos. Con esto, se pueden tener las características de un lugar concreto.

Google complementa la información que se carga en un programa que fácilmente se puede ver en tercera dimensión. Varias de las imágenes difundidas en la prensa sobre El Altiplano fueron tomadas de Google Earth, que es un programa gratuito. Hay otros más sofisticados y, sobre todo, actualizados, como en Google Earth Pro, que aunque también tiene una versión gratuita, mediante un pago menor de cinco mil pesos puede acceder a la última información disponible –de 2012– que ayuda a ubicar los objetivos buscados mediante sus archivos vectoriales de imágenes que sirven para representar los datos SIG. Es sencillo, pero no para personas poco doctas en estas nuevas tecnologías –como este autor–, aunque tampoco es ciencia espacial.

En un persuasivo artículo que escribieron para The Network Architecture Lab, un centro de investigación sobre nuevas tecnologías en la Universidad de Columbia, en Nueva York, llamado La Ciudad Invisible: el Diseño en la Edad de los Mapas Inteligentes, su director Kazys Varnelis y la profesora de Barnard College, Leah Meisterlin, apuntaron que los mapas inteligentes no sólo representan las relaciones espaciales, sino revelan en hojas de cálculos y bancos de información las condiciones en que los objetos estudiados estuvieron previamente escondidos. “El mapeo nos permite hacer visible lo invisible”, agregaron. “A través de mapas, lo abstracto se convierte en algo identificable”.

Estas nuevas tecnologías, para muchos fantasiosas, funcionan de manera regular en México. Está por ejemplo la Red Geodésica Nacional Activa del Imegi, que permite a los tres niveles de gobierno el estudio y definición de sus límites políticos y administrativos, cartografía urbana y catastral, o control de las obras de ingeniería e infraestructura. ¿Pudieron las nuevas tecnologías ayudar en la evasión de El Chapo Guzmán? Es altamente probable, de acuerdo con algunos expertos, lo que llevaría a preguntar por qué no habrán pedido las autoridades mexicanas a Google bloquear de sus mapas zonas tan sensibles como los penales de máxima seguridad y evitarse vergüenzas posteriores.

Twitter: @rivapa

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