Opinión

El gobierno que destruía y destruía confianza

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  [El Financiero Noticias]  Durante su participación en el WEF América Latina, detalló los objetivos que tiene México para lograr el desarrollo. 

Hace poco alguien contaba una anécdota sobre la corrupción. Esta persona ha representado a México en cargos diplomáticos. Harta como estaba de que señalaran a nuestro país como un lugar de corrupción, en una plática reprochó a su interlocutor, un europeo, la doble moral de países desarrollados, donde hay empresas que, como es sabido, incluso apartan una partida para untar la mano de gobiernos o gestores extranjeros.

“Me dejaron callada”, comentaba esa diplomática. “Sí, hay empresas donde existe lo que dices; nadie está orgulloso al respecto”, reconoció el europeo, quien agregó: “pero cuando se descubre un caso que involucra eso u otra falta de corrupción, se castiga severamente”.

Enrique Peña Nieto, que llegó declarar que considera a la corrupción un asunto cultural que difícilmente se va a acabar, ahora ha matizado esas declaraciones.

“He dicho que el tema de la corrupción es un asunto de orden, a veces, cultural, que es un flagelo de nuestras sociedades, especialmente latinoamericanas”, dijo el presidente en una sesión de preguntas el jueves en el World Economic Forum en la Riviera Maya. “Y que si realmente queremos lograr un cambio de mentalidad, de conductas, de práctica, de asimilar nuevos valores éticos y morales, esto debe ser un cambio estructural dentro de toda la sociedad. Desde el gobierno, hemos venido, y he sido un principal promotor de hacer cambios y ajustes con la participación de las otras fuerzas políticas en favor de la transparencia”. http://bit.ly/1EZQGAq

A las pocas horas, sin embargo, el gobierno federal daría una muestra más de que Peña Nieto dice una cosa y hace otra muy distinta. Ese mismo jueves, la Secretaría de la Función Pública difundió el resultado de su (no se rían) investigación del caso que involucró el uso de David Korenfeld de un helicóptero oficial para irse de vacaciones.

En unas cuantas palabras (apenas tres párrafos) la Función Pública no dijo casi nada y dijo mucho. Si el compromiso de EPN con la transparencia fuera legítimo, usaría casos como el de su amigo Korenfeld para mostrar lo genuino de su propósito para contribuir a un cambio verdadero con respecto a la corrupción.

No es así. Virgilio Andrade confirmó los peores pronósticos: se presta para hacer el trabajo sucio de un gobierno que no quiere rendición de cuentas. El boletín de Andrade documenta el desdén que existe en esta administración por el derecho de la ciudadanía a conocer las circunstancias de un abuso documentado, y a tener su propia valoración sobre si la sanción aplicada es la debida o no.

Aquí está el resultado y no den más lata. Aquí está la multa y ustedes no tienen derecho a saber ni lo que la Función Pública (no se rían) investigó en este caso, lo que el exfuncionario alegó en su defensa, lo que la ley dice al respecto y la interpretación de la misma que la SFP hizo. Ese es el mensaje del comunicado de Andrade, y por ello de Peña Nieto.

Lamentable como fue desde el principio, la resolución del caso Korenfeld en vez de construir, destruye aun más la confianza. El gobierno peñista recurre al patrón de legalidad de fachada visto en el tema de las casas compradas/rentadas a sus contratistas.

En todos los países existe corrupción. En unos cuando se descubre un caso, al castigar debidamente a sus perpetradores se reconstruye algo de la confianza perdida. En otros se simula el castigo, alimentando el clima de desconfianza.

Si no exigimos verdadera rendición de cuentas EPN tendrá razón, la corrupción será un problema cultural. De todos.

Twitter: @SalCamarena

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