Opinión

El gobierno del
pensamiento único

En las grandes decisiones, la administración de Enrique Peña Nieto es reacia a modificar planes que concibieron de manera unilateral. La determinación que el año pasado caracterizó a este gobierno, y que le ha llevado a conseguir reformas legislativas inéditas, es meritoria sólo en tanto no implique cerrazón ante legítimos cuestionamientos y reclamos por un modo de operar que desecha otras ideas y opiniones, como está ocurriendo con el caso del tren de alta velocidad entre la ciudad de México y Querétaro.

Los integrantes del gobierno que vende la idea de mover a México no creen que sea necesario discutir los por qués, y mucho menos los cómos de ese tren. Los funcionarios pusieron en la lista de las obras del sexenio una vía que una a esas metrópolis y ahora quienes viven en dichas comunidades deben, sin más, contemplar las prisas con que se quieren tomar decisiones que implican multimillonarios presupuestos y, eventualmente, cambios en sus vidas.

Si tan meritorio es el proyecto, ¿por qué la premura, por qué la cerrazón a discutir lo que ya es una licitación controvertida y que mueve a la sospecha? Por qué ni siquiera, como han denunciado algunos expertos en licitaciones y transparencia, se han dado a conocer a todo público los estudios que justifican, más allá del “sentido común”, la pertinencia de esa obra.

La polémica ha estallado porque como ya le había ocurrido a este gobierno con el caso Capufe, la licitación está en entredicho. El 15 de octubre se dio a conocer que sólo un consorcio estuvo en posibilidades de ofertar para quedarse con la obra. Otras decena de compañías
–entre ellas empresas como la canadiense Bombardier o la española CAF– habían pedido una prórroga para poder participar, pues consideraban que los tiempos establecidos eran demasiado cortos, pero les fue negada cualquier ampliación del plazo. Un buen resumen del caso se encuentra disponible aquí:
http://aristeguinoticias.com/2410/mexico/prisa-por-licitar-tren-mexico-queretaro-inhibio-competencia-entre-constructoras/

Al final, lo único que resultó verdaderamente sorpresivo fue que la obra costará alrededor de 50 mil millones de pesos, 10 mil millones más que lo originalmente contemplado. El secretario de Comunicaciones y Transportes Gerardo Ruiz Esparza ha minimizado las críticas por el solitario concursante, y en torno a los sobrecostos ha dicho que si se toman en cuenta la inflación y las fluctuaciones en el tipo de cambio con respecto a la fecha con que se anunció el proyecto (junio del año pasado) se apreciará que el costo será incluso menor a lo estimado inicialmente. Al menos eso fue lo que dijo ayer en entrevista con Atando Cabos, de Radio Fórmula.

La licitación tiene otro aspecto polémico. Ha llamado la atención que entre las compañías mexicanas con las que va ligada la entidad ganadora, China Railway Construction Corporation International, están una empresa de un pariente político de Carlos Salinas de Gortari y otra que trabajó para el gobierno del Estado de México cuando éste fue gobernado por el hoy inquilino de Los Pinos. Esto, insisto, habrá resultado polémico, mas no sorpresivo, porque en este sexenio ya ha sido mencionada una proclividad a contratar sólo a ciertas empresas en detrimento de otras.

Como tampoco es sorpresivo, desgraciadamente, que en las entrevistas que los funcionarios de esta administración dan para capotear una situación incómoda, en este caso el secretario Ruiz Esparza, confirman una y otra vez que ellos no se saldrán del guión, que su plan es el único bueno, el único benéfico, y que si a todo mundo le parece harto sospechoso que empresas líderes a nivel internacional en trenes se hayan hecho a un lado del concurso para la obra Querétaro-DF, porque creían que la licitación no contemplaba plazos realistas para entregar los estudios debidos, pues peor para la realidad, porque ellos, los del gobierno, tienen un pensamiento, un pensamiento único, donde no es concebible la idea de atender a quienes no comulgan con ellos.

Twitter: @SalCamarena