Opinión

El gobierno, contra Paloma Merodio

     
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Paloma Merodio (Tomada de @Pichona_)

Hace dos semanas, cuando en este espacio se dio a conocer que el gobierno de la República pretendía nombrar como nueva integrante de la Junta de Gobierno del Inegi a una persona que no reunía los requisitos de ley para ello, expuse que no entendía por qué sus colaboradores hacían firmar al presidente Peña Nieto una propuesta que lucía tan endeble como, previsiblemente, polémica.

Quince días después queda claro que la candidatura de Paloma Merodio a ese puesto del Inegi obedece a un plan de alguien más (no de ella, no del presidente); pero también resulta evidente que en su afán esos promotores (¿Meade? ¿Videgaray?) no han dudado en exponer de fea manera a una joven funcionaria.

Así que hoy la duda es por qué hacerle eso a Paloma Merodio, por qué someterla a un proceso donde antes que preguntarle qué puede aportar al Inegi, esta candidata será cuestionada con especial suspicacia sobre cada detalle de su perfil profesional.

El senador Juan Carlos Romero Hicks solicitó el 9 de marzo a los presidentes de las comisiones de Gobernación, Cristina Díaz, y de Población y Desarrollo, Armando Ríos Piter, que al Senado le sea ampliada la documentación que sustente “la experiencia académica y profesional que consta en el curriculum vitae”.

A ver qué aporta el Ejecutivo sobre temas incluidos en el curriculum con líneas tan escuetas como la que a la letra dice: “cuenta con diversos trabajos de investigación”. Si fueran notables, es lógico que hubieran anotado, para presumir, el título de esas investigaciones; si no lo son, ¿para qué hacerle tan flaco favor a una funcionaria de Sedesol al exponerla de esa manera?

La discusión sobre la idoneidad de Merodio ha llegado incluso al terreno del género. Al mismo tiempo que algunas personas defienden ese nombramiento porque creen, equivocadamente, que sería la primera mujer en la Junta de Gobierno (Rocío Ruiz fue integrante de la misma de 2009 a 2013), otros más atinadamente argumentan que, si la decisión del Ejecutivo es optar por una mujer, hay varias mucho más calificadas para el puesto. Cito a Rodolfo de la Torre:

“Hay muchas candidatas con perfiles inobjetables, muchas de ellas en el sector público, por si hubiera reticencia a buscarlas en otro lado. Por ejemplo, Lorenza Martínez Trigueros, quien ha sido directora general de Sistemas de Pagos y Servicios Corporativos del Banco de México y subsecretaria de Industria y Comercio; Marcela Eternod Aramburu, secretaria ejecutiva del Inmujeres y exdirectora general de Estadística en el Inegi; Nelly Aguilera, también, quien fue titular de la Unidad de Análisis Económico de la Secretaría de Salud e investigadora senior de la Conferencia Interamericana de Seguridad Social. Todas ellas cumpliendo los requisitos de ley, con trayectorias distinguidas en materias relacionadas con la estadística y clara independencia de criterio. Pero habría más”. http://economia.nexos.com.mx/?p=317

Quien quiera que haya ideado el plan Merodio tuvo que haber sabido que surgiría una enorme resistencia. Que sectores de la sociedad se movilicen ante un nombramiento, o que en el Senado surjan voces críticas ante una propuesta de ratificación, hoy es previsible y, por supuesto, saludable.

La integración de un organismo como el Inegi debiera ser la oportunidad para enriquecer la composición del mismo, no la ocasión para un proceso de regateo entre el Senado y el Ejecutivo sobre los mínimos aceptables.

Si el gobierno federal se obstina en su equivocado afán de imponer a una funcionaria sin credenciales para esa encomienda, la primera que saldrá perdiendo es ella (llegaría sin legitimidad alguna), luego el Inegi, y con éste, todos.

¿Por qué le harán eso?

Twitter: @SalCamarena

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