Opinión

El gobierno, como Margarito

1
    

    

Carmen Aristegui dio un mensaje vía streaming, tras cancelar la conferencia de prensa. (Especial)

Cualquier aficionado al box recuerda la pelea sostenida en Las Vegas hace apenas un par de años entre Antonio Margarito y Manny Pacquiao, porque el tijuanense fue apaleado sin misericordia durante 12 rounds y no atinaba a soltar un solo golpe.

Algo parecido es lo que sucede con el gobierno: le tunden por todos lados, no mete las manos, si se agacha le pegan, si saca la cabeza, también, si retrocede, lo mismo. Tiene la cara inflamada y sangrante, pero voltea a ver al público con gesto de “aquí no pasa nada”. Igual que Antonio Margarito contra Pacquiao.

Golpe volado que se perdía, aterrizaba en la humanidad de Margarito.
Eso le pasa al gobierno. Donde no debe nada, como en Iguala, sale estigmatizado nacional e internacionalmente como asesino.

Un añejo pleito de amor y odio entre la familia Vargas y su conductora Aristegui, le estalla al presidente, al secretario de Gobernación y al vocero.

En el caso de Iguala tenía y tiene todos los elementos para mostrar su inocencia y borrar de la política a los culpables, pero los medios de comunicación afines a AMLO y comentaristas simpatizantes del experredista se lo comieron vivo.

Peña Nieto no puso a Abarca en Iguala, fueron el PRD y López Obrador. El municipio era gobernado por la izquierda. El gobernador de Guerrero fue puesto por Marcelo Ebrard, AMLO y el PRD.

Y quienes resultaron culpables de la masacre ante la opinión pública fueron el gobierno federal y el presidente.

La Federación tenía material para arrastrar por la calle de la amargura a los lopezobradoristas por sus contubernios con las mafias en Guerrero, y no lo hizo. Siguió recibiendo golpes con el estoicismo de Margarito.

Ese crimen, producto de las rencillas entre grupos criminales asociados a la izquierda de Guerrero, se le endosó al gobierno federal, que carga y cargará con el mote de “asesino” que le pusieron los que le dieron poder a los asesinos materiales e intelectuales.

Lo mismo ocurre con el caso de la conductora Carmen Aristegui. Un problema entre la familia Vargas y la conductora se transformó en un asunto de Estado.

Salió la Secretaría de Gobernación a decir que era un conflicto entre particulares. ¿Para qué se metió?

¿De cuándo acá la crítica de una conductora, por manipuladora que sea su intención, es un problema de Estado?

Si el gobierno quería subrayar su deslinde de ese pleito, debió invitar a Aristegui a ser conductora del IMER, la radio pública.

Nada quita que ya una vez fuera de MVS, Aristegui “anime la mañana” o el mediodía desde el IMER.

Que la inviten y diga lo que quiera en ese espacio, aunque no le paguen el millón 200 mil pesos que ganaba, ni tuviera secretaria pagada por la empresa, camioneta blindada nueva y chofer, como le daban los Vargas. Al cabo que, dice ella, sólo quiere micrófono “para dar voz a los sin voz”, como Marcelo Ebrard, por ejemplo.

Su pleito es con los dueños de MVS, y ha crecido porque ella y sus compañeros de causa en los medios se lanzaron contra el gobierno.

Los golpes de Carmen contra la familia Vargas no tienen impacto. Los que si dan rating son los que lanzan ella y los medios lopezobradoristas contra el gobierno, que no sabe ni atacar ni defender.

Golpe que se pierde en el aire le llega al gobierno. Los recibe todos. Como Margarito en Las Vegas.

Twitter: @PabloHiriart

También te puede interesar:
Chuayffet y sus manos blancas
Aristegui y el "vendaval autoritario"
AMLO, ignorante o neoliberal