Opinión

El G2 China-Estados Unidos, ¿qué implica para el mundo?

Syracuse, EU.- Durante la más reciente reunión cumbre de líderes del Foro de Cooperación Económica de Asia-Pacífico (APEC, por sus siglas en inglés) celebrada en Beijing hace una semana, los participantes han confirmado que China ha emergido como una gran potencia a la par de Estados Unidos. En APEC se vislumbraron claramente dos líderes que acapararon la atención: el presidente chino anfitrión Xi Jinping y el presidente de Estados Unidos Barack Obama.

Con un PIB global de 17.6 billones de dólares (calculado en paridad de poder adquisitivo), 200 mil millones por encima de Estados Unidos en octubre, China ha demostrado su poderío económico. Más aún, durante los apenas dos años de liderazgo de Xi Jinping, China está asumiendo responsabilidades en gobernanza global proyectando su poder en Asia y dejando de lado lo que algunos calificaban como timidez y falta de interés en ejercer liderazgo.

Paradójicamente, esta emergencia de China como gran potencia a la par de Estados Unidos en el concierto de las naciones coincide con la celebración de los 26 años del derrumbe del muro de Berlín en noviembre de 1989, el prolegómeno de la inminente caída de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Sin embargo, China no se perfila a ser un rival a nivel global para Estados Unidos como lo fue la URSS; Beijing está particularmente interesado en desplegar su poder e influencia en Asia, y resalta su presencia en el Mar de China Oriental y de China Meridional, donde ha dejado claros sus intereses geopolíticos y económicos. En la conferencia de Shanghai en mayo, el mandatario chino no pudo ser más claro cuando declaró que “queda en la gente de Asia manejar los asuntos de Asia, resolver los problemas de Asia y mantener la seguridad de Asia”.

La bipolaridad de la Guerra Fría (1947-1989) entre la URSS y Estados Unidos está siendo reemplazada por un Grupo de Dos, el G2 China-Estados Unidos, seguramente la relación bilateral más relevante en la escena internacional. A diferencia del enfrentamiento frío Moscú-Washington, en que todos los países tuvieron que optar por un polo, El G2 China-Estados Unidos implica un escenario global más abierto, en que estas dos grandes superpotencias mantienen un nuevo modelo de rivalidad: forjarán alianzas, se enfrentarán en varios escenarios y se ignorarán en más de un tema.

El potencial del G2 China-Estados Unidos para resolver algunos de los grandes temas globales, se hizo evidente en esta reciente cumbre de líderes de APEC. China y Estados Unidos decidieron comprometerse a reducir sus emisiones de carbono –algo de enorme relevancia ya que ambos países producen 40 por ciento del total de emisiones– y aumentar a 20 por ciento su energía renovable para 2030. El acuerdo anunciado entre China y Estados Unidos abre posibilidades sin precedente para que el mundo alcance, finalmente en París en 2015, un acuerdo para prevenir el calentamiento global.

El G2 presenta una enorme rivalidad comercial. Obama aprovechó su visita a China para sostener reuniones con líderes de los otros once países que participan en la negociación de libre comercio del Acuerdo Transpacífico de Asociación Económica (TPP), el cual excluye a China. Xi Jinping, por su parte, anunció una iniciativa aún más ambiciosa: establecer un estudio de dos años junto con las naciones de APEC para la creación de la muy anhelada Área de Libre Comercio de Asia Pacífico (FTAAP), que incluso opacaría al Tratado de Libre Comercio de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y China en vigor desde 2010.

Un tema estratégico para el G2 es la profundidad de la alianza Beijing-Moscú. Vladimir Putin hizo hasta lo imposible durante la cumbre de APEC por mostrar la renovada cooperación entre China y Rusia. Ambos países firmaron un importante acuerdo de suministro de gas por 30 años a un valor de 400 mil millones de dólares. Sin embargo, es de esperarse que China, caracterizada por su extraordinario pragmatismo, sólo apoyará a Putin hasta donde le convenga, y posiblemente marque una fina línea absteniéndose de alentar diversas causas rusas como el apoyo que brinda al líder sirio Bashar al-Assad.

Durante la Guerra Fría, México no tuvo más remedio que aliarse firmemente a Estados Unidos y nunca coqueteamos con Moscú. El nuevo escenario internacional es más distendido y presenta renovadas alternativas para nuestro país. La diplomacia del presidente Enrique Peña Nieto ya ha dado sus primeros pasos para acercarse a China –no sin algunos tropiezos–. Es innegable que, al igual que a China, a México le conviene un Estados Unidos fuerte, pues para ambos seguirá siendo nuestro gran socio comercial. Desafortunadamente, es allí donde tenemos una rivalidad insalvable, ya que nuestras exportaciones y las del gigante de Asia compiten por satisfacer la demanda de manufacturas en Estados Unidos.