Opinión

El futuro está en nuestro presente

Manuel Bravo Valladolid 
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Niños de La Candelaria, en Chiapas, quienes carecen de vacunas y servicios médicos. (Ángeles Mariscal)

Un Estado que no contempla a su niñez en su proyecto de nación comete el más grave error de su administración. Con frecuencia, observamos en las presentaciones oficiales, en los fatídicos discursos del Congreso y en las promesas de campaña, una retórica fácil y pobre sobre los derechos de las niñas y niños. Es un tema apetecible, de aplauso fácil, pero de grandes decisiones que para los niños mexicanos no se concretan.

Nos hemos acostumbrado a solamente mirar la situación cada día. Nos acostumbramos a contemplar generaciones de niños sin una sana niñez. Ya no hay datos ni historias que nos asombren y detonen acciones contundentes para revertir esta situación de no-infancia. ¿Será que nos acostumbramos a la crueldad? Quizá, aun así, vale la pena sacudir la mirada del lector con la siguiente información.

El cerebro de un ser humano tiene una fase crítica: el periodo desde que está en el útero materno hasta los cinco años. Lo que aquí suceda definirá una buena parte de sus habilidades cognitivas y emocionales que, a la larga, definen decisiones, capacidades y oportunidades en todas las áreas de su vida. Hoy sabemos que el rendimiento de inversión en capital humano es más alto si se realiza en las edades más tempranas. Sin embargo, como lo concluyó el “Congreso Invierte Temprano”: en México no existe una política pública integral para la primera infancia.

El presupuesto es otro mecanismo para observar las prioridades de un Estado. En México, se invierte 0.7 por ciento del Producto Interno Bruto (en 2013), cuando lo mínimo recomendable es 1 por ciento y de forma equitativa; los más altos son los escandinavos, 1.7 por ciento.

Y cuando abrimos los canales de expresión ¿qué nos dicen los niños? La Consulta Infantil y Juvenil 2015 que organiza el Instituto Nacional Electoral (INE) evidencia aspectos preocupantes. Cada cifra convoca a la reflexión. Aquí recupero sólo algunos.

En el rango de los más pequeños, de seis a nueve años, es alarmante la violencia de la que son objeto. Uno de cada cuatro considera que si tomaran su opinión habría una convivencia más justa y pacífica en la escuela. Sin embargo, uno de cada 10 opina que no pueden decir lo que piensan y sienten. En esa misma proporción, dicen ser golpeados por su familia y ofendidos por sus maestros (12 y 11 por ciento, respectivamente).

En el rango de diez a trece años, uno de cada 10 opina que las personas no los respetan como son (11.3 por ciento), tres de cada 10 dicen no tener un espacio para jugar, divertirse y hacer ejercicio y uno de cada cuatro ha sufrido violencia verbal en la escuela (insultos o gritos). Perturba leer que, al menos la mitad no confía en su sociedad (vecinos y vecinas, 49 por ciento; gobernantes, 55 por ciento). Los datos sacuden, pues su convivencia actual será la clase de adultos que lleguen a ser y claramente no lo estamos haciendo bien.

Los niños son invisibles para el Estado mexicano, como lo titulamos en nuestro estudio de 2013. En Mexicanos Primero, nuestra causa es defender el derecho de los niños a aprender. Quienes los acompañan diariamente en el aula –sus maestros– son claves, y seremos exigentes de que el sistema educativo los apoye para que sean los profesionales de la infancia y el aprendizaje, pues nuestros niños solamente se merecen lo mejor. Seguir dejando a los niños sin la oportunidad de jugar, de aprender, de soñar quiénes quieren ser, de vivir y de convivir sanamente durante su infancia, es un error al que no estamos dispuestos a quedarnos solamente mirando.

*Codirector de Participación Maestros y Familias en Mexicanos Primero.