Opinión

El futuro de Pepe Toño

 
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Anaya

Si algún funcionario del gabinete del presidente Enrique Peña Nieto se ha caracterizado por su eficiencia en apagar fuegos, en recomponer el rumbo de instituciones que son pilares para la viabilidad del Estado mexicano, es José Antonio González Anaya, quien al frente, primero del IMSS y ahora de Pemex, las ha rescatado de un destino que parecía irremediablemente crítico, a tal grado de comprometer las finanzas públicas de todo el gobierno.

El egresado de economía e ingeniería del Instituto Tecnológico de Massachusetts y doctor en economía por Harvard, ha llevado a Pemex, en año y medio que tiene al frente de este empresa productiva del Estado, a niveles estables, después de que el desplome de sus ventas, el gasto oneroso, el endeudamiento criminal, entre otros factores, pusieron al borde de la quiebra a la entonces paraestatal.

En un lapso relativamente corto, Pepe Toño, como le dicen sus amigos, colocó a Pemex en un punto de inflexión, ya que por primera vez esta empresa arroja un superávit primario y cumplirá su meta anual de producción. La estrategia de establecer alianzas para compartir riesgos y ser más competitiva ha dado resultados. La producción, sin el yacimiento de Cantarell, ha aumentado más de 50 por ciento en los últimos años.

La reforma energética, promulgada en 2013, no tendría sentido en la actualidad sino se hubiera hecho la reingeniería integral de Pemex, hazaña que logró González Anaya que, como se recordará, padeció los mayores recortes presupuestales que esta empresa ha tenido en su historia; empero estás dolorosas medidas lograron ponerla en la ruta del crecimiento.

El pago a proveedores disminuyó de 147 mil millones de pesos a 70 mil millones de pesos y ya cubrió sus necesidades de financiamiento hasta 2018.

De igual manera se disminuyó en 30 por ciento el robo de combustibles y se han recuperado 11 millones de litros de gasolina.

En todos los rubros se presentan avances notables. En el tema de asignación de contratos, ahora se licitan la mayoría, mientras que en la administración de Emilio Lozoya se asignaban directamente cerca de 80 por ciento.

Ahora qué le depara el destino a Pepe Toño, cuando estamos a un año de que termine el sexenio del presidente Peña y a unas semanas del destape del candidato priista para competir por la presidencia de la República.

Desde luego, todo puede ocurrir, pero la ruta de este brillante funcionario se bifurca rumbo al Banco de México, que preside Agustín Carstens y que dejará el 30 de noviembre, o de plano hacia la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, dependencia en la que se desempeñó en el sexenio de Felipe Calderón y que luego de ocupar diversos cargos acabó siendo subsecretario de Ingresos.

Así es, quién mejor para darle confianza a los mercados y continuar en la ruta trazada por los actuales titulares de esas instituciones.

Sólo el presidente Enrique Peña Nieto sabe en dónde colocar a este eficiente colaborador que ha presentado resultados excelsos en las tareas encomendadas. Por desgracia, en la baraja de posibles relevos de Carstens no hay mucho de donde escoger. Si bien es cierto que, por ejemplo, los niveles al alza que mantiene la inflación ya se contuvieron, también es una realidad que bajarlos requiere sapiencia, disciplina y experiencia, y esos atributos los tiene de sobra Pepe Toño.

Hay que recordar que Banxico es un organismo autónomo y que es la piedra angular del sistema financiero, ya que, entre otras funciones, destaca la regulación e intermediación de los servicios financieros. Su finalidad es proveer de moneda nacional a través de la estabilidad del poder adquisitivo del peso. Además, es el encargado de promover el desarrollo del sistema financiero en el país y asegurar el correcto financiamiento de los sistemas de pago. El objetivo que tiene Banxico es preservar el valor de la moneda nacional a lo largo del tiempo para contribuir a mejorar el bienestar económico de los mexicanos. 

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