Opinión

El fortalecimiento del crédito empresarial como pilar del crecimiento económico

Carlos Canfield Rivera*

La disponibilidad de recursos financieros es fundamental para acelerar el crecimiento económico. El incipiente avance de los mercados de capitales en los países en desarrollo resalta la importancia del crédito bancario para actividades productivas, particularmente aquel que se destina a las pequeñas y medianas empresas.

En un estudio reciente del Banco Mundial entre 99 economías en desarrollo, con una muestra de 47 mil 475 empresas en el periodo 2006-2010, se encontró que las pequeñas y medianas empresas son las principales generadoras de empleos; sin embargo, también encontró que dicha capacidad de generación se acentúa en los países considerados como de bajos ingresos. De ahí la importancia de apoyar a este sector de la economía con mejores condiciones de acceso a los recursos crediticios.

Los indicadores del Banco Mundial (BM) para el desarrollo destacan la relación que guarda el crédito doméstico por parte de la banca como proporción del PIB. De acuerdo con cifras del BM para 2012, en países europeos considerados como de alto ingreso,como es el caso de Francia y Alemania, el crédito bancario doméstico al sector privado supera el 105 por ciento en promedio, en Corea y China dichos valores son de 148 y 134 por ciento, y en Japón la cifra es de 104 por ciento. Con respecto a los países americanos, mientras que en los Estados Unidos el porcentaje es de 50 por ciento, en países importantes de América Latina como es el caso de Chile, Brasil y Colombia, esta proporción presenta valores del 73, 68 y 41 por ciento, mismos que se consideran elevados cuando se contrastan con apenas el 20 por ciento como valor correspondiente para México.

En México la evolución del crédito al sector privado en los últimos 20 años quedó marcada por la crisis financiera de 1994-1995. Al comenzar este periodo del total del financiamiento al sector privado, el financiamiento bancario al sector privado representaba 61 por ciento del financiamiento total, mientras que para el 2013, esta cifra se redujo a sólo 36 por ciento. Y es que después de la severa contracción posterior a 1994, el crédito bancario al sector privado no ha podido recuperarse en términos reales, representando a la fecha tan solo tres cuartas partes de su valor original. Por actividad, salvo el rubro de crédito al consumo que creció 93 por ciento en el periodo 1994-2013, los créditos a la vivienda y el dedicado a actividades empresariales decrecieron 13 y 41 por ciento respectivamente. Lo anterior indica que la banca que opera en México ha decidido privilegiar el apoyo a sectores más rentables y seguros, como son el financiamiento al consumo y al gobierno, sector que se encuentra fuera del presente análisis, pero que es considerado como una importante fuente de utilidades para los intermediarios financieros.

Aunado a la escasez de crédito, el sistema bancario mexicano presenta elevados niveles de concentración en donde los 7 bancos más grandes detentan el 85 por ciento de la cartera total de crédito, siendo los tres bancos extranjeros más grandes quienes controlan el 53 por ciento de dicho total. Por lo que respecta a la cartera de crédito empresarial, tan solo 6 de los más de 40 bancos que operan en México, capturan el 81 por ciento de su total.

No obstante en la cartera empresarial, el nivel de concentración no parece redundar de inmediato en prácticas anticompetitivas absolutas. De acuerdo a los indicadores de BM, los diferenciales entre tasas activas y pasivas en México a nivel generales descendieron 150 puntos básicos en los últimos cinco años. En forma específica de acuerdo con datos de la CNBV, la tasa de interés ponderada para créditos empresariales en 2013 fue de 7.4 por ciento; sin embargo, a nivel sector de la actividad económica se observan diferencias importantes, en donde destacan menores tasas de interés para actividades relacionadas con la manufactura, con excepción de la industria textil y de materiales de construcción, mismas que se consideran como de mayor riesgo, mientras que los servicios presentan cifras mayores, alcanzando niveles superiores al 10 por ciento en algunos casos. Aquí es importante destacar el impacto en la reducción de las tasas de interés, pero sobre todo la mayor disponibilidad relativa de financiamiento al sector empresarial como resultado de políticas públicas para incentivar el crédito a las Pymes con la instrumentación del programa SINAFIN en 2002, y su evolución en las administraciones federales subsecuentes.

Las reformas financieras recientemente aprobadas buscan mejorar la accesibilidad al crédito, con acciones tendientes a mejorar las condiciones de inclusión financiera, competencia y de garantía para el acreedor. La revisión de la información relacionada con la dinámica del crédito por sector, nos muestra una gran área de oportunidad para que el sistema financiero contribuya al crecimiento económico.

Organismos internacionales como la CEPAL y la OCDE, recientemente han evaluado las políticas de fomento a las Pymes en México, coincidiendo en valorar grandes avances en los esfuerzos por integrar las políticas públicas a este respecto. Sin embargo, también han señalado grandes oportunidades en materia de financiamiento, destacando la necesidad de proporcionar condiciones adecuadas para el acceso a recursos crediticios, ampliar la cobertura geográfica de los programas y sobre todo establecer una mayor selectividad en lo que se refiere al destino del crédito buscando apoyar mejores condiciones de equipamiento y tecnología para la productividad.

La disyuntiva actual para la operación de la banca comercial que opera en México se relaciona con la modificación de sus actuales patrones de otorgamiento de crédito a partir de una mayor participación en el financiamiento al sector empresarial, lo cual sienta las bases para para restablecer el papel del sistema financiero como pilar del crecimiento en nuestro país.

*Profesor Universidad Anáhuac

Correo: carlos.canfield@anahuac.mx