Opinión

El FMI nos echa a perder la fiesta

El Fondo Monetario Internacional nos acaba de dar tres noticias. Una buena, otra mala y, una más, peor.

La buena, es que sin duda en el 2015 la economía mexicana crecerá más que en 2014.

La mala es que ese crecimiento del próximo año apenas estará en 3.5 por ciento, muy por abajo del –todavía- pronóstico oficial de 3.9 por ciento para este año y todavía más lejos del 4.7 por ciento que Hacienda pronostica para el próximo año.

La peor es que una curiosa proyección a 2019 que aparece en el informe del FMI nos dice que estaremos sólo en 3.8 por ciento para el primer año del siguiente sexenio.

Así que pareciera que las perspectivas de las reformas estructurales sobre el crecimiento en el mediano plazo no acaban de persuadir al FMI de que el crecimiento va a estar cercano al 5 por ciento desde el final de esta administración.

Quizás pudiéramos elucubrar respecto a una teoría de la conspiración en la que la señora Lagarde se esté desquitando de México por haberse atrevido a lanzar a un candidato de mucho peso, el doctor Carstens, que le sostuvo el paso en la contienda para llegar a la dirección de la institución, y que si no ganó fue porque los países desarrollados no se atrevieron a cambiar la regla de que un europeo –en este caso europea- encabezara el FMI y un norteamericano el Banco Mundial.

La verdad es que no funciona así el Fondo. Además, tiene por allí en su staff al que tirios y troyanos consideran uno de los mejores economistas mexicanos, que conoce perfectamente la economía del país. Alejandro Werner, quien fuera subsecretario de Hacienda, tiene el cargo de director del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo.

Y por si algo más faltara, Moisés Schwartz, de amplia trayectoria en Banxico y Hacienda, y que fue presidente de Consar, es director de la Oficina de Evaluación Independiente del Fondo.

Así que funcionarios que entienden muy bien la economía mexicana, el Fondo los tiene.

Y, sin embargo, con todo y las reformas constitucionales hechas, no ven a la economía mexicana despegando como en los escenarios oficiales y de las más importantes instituciones financieras.

Su reporte para esta reunión de primavera que se realiza en Washington no es muy explícito respecto a sus escenarios más bien conservadores.

Pero ya que los doctores Videgaray y Carstens van a estar en Washington en esta semana, seguramente podrán tener respuestas del porqué el FMI nos lanza agua fría.

Permítame aventurar una hipótesis.

¿No será que el FMI esté usando la estrategia de Santo Tomás?

Hasta no ver no creer.

¿No será que están viendo que los estados tumban el espíritu de la reforma educativa? ¿Que por alguna razón misteriosa el creciente gasto público no más no se derrama al sector productivo? ¿Tal vez estén viendo que las leyes secundarias de la reforma energética no acaban de nacer? ¿Quizás temen que a la hora buena, la competencia en telecomunicaciones se quede mocha y que no bajen los costos como se esperaba? O ¿Quizás piensen que la persistente inseguridad va a afectar a la economía más de lo que se cree?

A ver si en esta semana tenemos algunas respuestas.

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