Opinión

El fin de la confusión

Para mi mamá en su cumpleaños.

Hace unos años publiqué un libro titulado Cien años de confusión. En él, afirmaba que México, durante el siglo XX, fue un fracaso, y que ese fracaso tiene su origen en el régimen político que construyeron los ganadores de las guerras civiles iniciadas en 1910 y que genéricamente llamamos Revolución Mexicana. Más aún, sostenía que la Revolución es, en realidad, una construcción cultural de los ganadores para legitimar su estadía en el poder. El mito fue muy exitoso, en gran medida porque fue promovido en su inicio por artistas de la talla de Diego Rivera, y después porque se convirtió en el núcleo del sistema educativo mexicano, que hace más esfuerzos por adoctrinar a los mexicanos que por instruirlos.

En estos días llega a librerías El fin de la confusión, un nuevo libro publicado ahora por Paidós, que se presentará en la FIL el día 6 de diciembre y a partir del lunes 9 estará disponible en versión electrónica. Ahora lo que muestro es que la confusión que sufrimos los mexicanos durante el siglo XX, cuando creíamos que nuestro muy particular modelo político y económico nos iba a convertir en un país exitoso, afectó a muchos otros. En el siglo XX se llevaron a la práctica varios experimentos que prometían dar mejores resultados que el capitalismo liberal. Todos fracasaron.

En El fin de la confusión analizo cuáles países son ricos y cuáles no han logrado pasar del ingreso medio, o incluso un poco menos que eso. Al hacerlo, se hace muy evidente que los experimentos del siglo XX no funcionaron, y que el camino al éxito económico, que resulta ser el mismo que lleva a la democracia, resultó útil a todos los que lo recorrieron. Eso obliga a explicar por qué, si la evidencia es tan clara, tantos países experimentaron con otras rutas. En la segunda parte del libro, a lo largo de cinco capítulos, reviso quiénes fueron los primeros ganadores, cómo fue que América Latina no se sumó a ellos en el siglo XIX, quiénes se enriquecieron en el siglo XX, y cómo los experimentos no funcionaron: comunismo y crecimiento agotador.

En la tercera parte, recorro la historia muy reciente de México, las grandes tendencias globales actuales, y con ello evalúo las decisiones que tomamos durante los últimos dos años, que en mi opinión representa el fin del experimento del siglo XX, es decir, el fin de la confusión.

Si usted decide leerlo, encontrará que hay un puñado de autores que están detrás del planteamiento inicial: Fukuyama en lo relativo al Estado, McCloskey en cuanto a la importancia de las ideas, William Lewis acerca de productividad, y una hipótesis muy sugerente llamada Tecnologías de aplicación general. Teorías como éstas son confrontadas con los datos que tenemos para los últimos dos siglos en cinco decenas de países.

Las conclusiones, me parece, son muy claras: un país será exitoso, es decir, competitivo, democrático y justo, cuando logre contar con un Estado fuerte, limitado por la ley y responsable frente a los ciudadanos, y cuando estos ciudadanos aprendan a reconocer y celebrar la riqueza que se obtiene en la producción y a rechazar y despreciar aquella que proviene de privilegios. Ése, hasta el día de hoy, es el único camino que ha funcionado. Ése, creo yo, es el camino que tenemos que recorrer. La confusión terminará cuando lo hagamos.

Queda a su consideración.

Twitter: @macariomx