Opinión

El extraño retorno
de M. Night Shyamalan

   
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M. Night Shyamalan, The Visit

M. Night Shyamalan, el rey Midas convertido en el burro que tocó la flauta, relegado a dirigir churros como After Earth cuando en 1999 era uno de los jóvenes talentos más celebrados de Hollywood. The Sixth Sense, su tercera película, recaudó más de 600 millones de dólares y consiguió nominaciones para dirección, guión, edición y actor y actriz de reparto. Le siguieron Unbreakable (quizás la mejor cinta de superhéroes), Signs y The Village, exitazos de taquilla, todos guiones originales. Aunque la audiencia parecía cansarse de que siempre recurriera a sus infames giros de tuerca, después de Signs cualquier estudio le habría dado un cheque en blanco para filmar lo que se le pegara la gana. Por desgracia, la libertad no se tradujo en calidad: The Lady in the Water, The Last Airbender, The Happening y After Earth son un chiste. Tras tantos fracasos, que Shyamalan todavía tenga carrera es sorprendente. Su regreso a las grandes ligas, gracias a Wayward Pines, una serie de TV, y a The Visit, su nueva película, es milagroso.

The Visit
Año: 2015
Director: M. Night Shyamalan
País: Estados Unidos
Productres: M. Night Shyamalan, Jason Blum y Marc Bienstock
Duración: 94 minutos
Cines: Cinemex Loreto, 22:40 horas

The Visit es lo mejor que Shyamalan ha dirigido desde The Village. Dos adolescentes, Rebecca (Olivia DeJonge) y Tyler (Ed Oxenbould) visitan a sus abuelos, a quienes no conocen, mientras su mamá (Kathryn Hahn) se va de crucero con un pretendiente. Desde el primer día, cuando John (Peter McRobbie) les advierte que no salgan de su recámara después de las 9:30 de la noche, los chicos presienten que los viejos son un poco extraños: Doris (Deanna Dunagan, en una actuación de una impudicia admirable) se comporta como una abuelita dulce por la mañana, dispuesta a prepararles a sus nietos toda clase de repostería, y más tarde los persigue en cuatro patas por el sótano de la granja como si fuera un perro rabioso. También está el granero, lleno de pañales desechables usados, y esos ruidos horribles que Rebecca y Tyler escuchan en la noche, justo afuera de la recámara. ¿Qué secretos ocultan sus abuelitos?

En busca de un tono distinto, Shyamalan emplea el llamado found footage: los chicos portan cámaras de grabación durante su visita y son ellos quienes registran la extraña conducta de Doris y John. Aunque ha rendido perlas como Paranormal Activity (del mismo productor que esta) y The Blair Witch Project, el recurso jamás se siente orgánico en The Visit. No tiene verosimilitud, en gran medida, porque dos individuos así de aviesos no permitirían que nadie los grabe (y la decisión resulta aún más ilógica hacia el desenlace). El found footage de Paranormal Activity funciona porque le permite a la audiencia ver qué ocurre mientras los personajes están ausentes o dormidos. De ahí deriva su fuerza inquietante. The Visit sólo utiliza el recurso con astucia para un susto nocturno. El resto del tiempo, su estilo me resultó más un estorbo que una virtud.

Por fortuna, The Visit guarda sorpresas suficientes como para valer el boleto. Hay ecos a cuentos de hadas oscuros, sobre todo en el uso repetido de un horno como detonante de suspenso, y una secuencia con un juego de mesa, tensa como pocas. Si bien el resultado no está a la altura de Unbreakable, da gusto ver a un director que creíamos perdido lejos de bodrios como After Earth o The Last Airbender, dedicado al suspenso compacto que le sale tan bien. ¡Yahtzee!

Twitter: @dkrauze156

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