Opinión

El extraño caso de la tasa de desempleo

Cuando se determinó que la tierra era redonda, mucha gente se murió de risa. “¡Qué absurdo!”, pensó. “Si la tierra fuera redonda los que viven en el hemisferio sur se caerían al espacio. ¿Cómo es posible que haya gente tan insensata que piense de ese modo?”

Pues sí. El sentido común nos decía que no éramos arañas y que no podíamos caminar de cabeza con los pies pegados a la superficie.

Pero sucede. La tierra es redonda y hasta los habitantes de la Antártida (así sean exploradores o pingüinos) sienten que tienen los pies bien puestos sobre la tierra, o mejor dicho, el hielo.

El sentido común es útil para muchas cosas pero para otras es un desastre.

Eso pasa cuando se habla del empleo y del desempleo.

Hace un par de días nos enteramos de que la tasa de desempleo fue de 5.25 por ciento en marzo (con cifras desestacionalizadas) contra el 4.81 por ciento de febrero.

El aumento fue de 0.44 puntos porcentuales.

Algunos dirían: es la prueba del horror del neoliberalismo.

Antes de llegar a esa conclusión, lea lo siguiente y no vaya a ser como el senador Barbosa, que rechaza los dictámenes antes de leerlos.

El porcentaje de la llamada Población No Económicamente Activa, pasó de 41.81 por ciento en febrero a 41.19 por ciento en marzo. La baja es de 0.62 puntos porcentuales.

Esto quiere decir que es buena noticia que haya subido la tasa de desempleo pues hay más gente buscando trabajo.

Pero, ¿cómo es posible que sea buena noticia?, pensaría usted.

Pues es como los habitantes del hemisferio sur caminando de cabeza. Hay conexiones que son contraintuitivas y donde el sentido común se da de topes.

Le doy otro dato que publicamos en El Financiero el lunes pasado. Los trabajadores ocupados en el sector formal de la economía pasaron de 16 millones 672 mil personas en febrero a 16 millones 781 mil en marzo. Es decir, hubo 109 mil personas más que tuvieron trabajo en marzo.

¿Cómo es posible que haya más desempleo y más empleo al mismo tiempo?

Pues muy sencillo. Bueno, no tanto, pero es perfectamente explicable.

Se trata de dos mediciones diferentes.

La del empleo formal suma las nóminas de las empresas y llega a una cifra. No le pregunta a nadie y va directamente a los registros.

La tasa de desempleo se calcula tocando puertas. Mes tras mes, cientos de encuestadores del Inegi van a preguntar a los hogares si hay alguien que esté buscando trabajo. Y si es así, entonces lo suma a los desempleados.

Pero, ojo. Si tiene usted algún primo que se pasó seis meses haciendo solicitudes y nunca le llamaron, y de plano se cansó y dejó de buscar chamba, dejó de estar desempleado aunque siga sin encontrar trabajo.

La tasa de desempleo es sólo el porcentaje de los que buscan trabajo entre los que lo tienen sumados a los que lo están buscando.

Si las cosas empiezan a mejorar y aparecen vacantes por aquí y por allá, y su primo se pone a buscar chamba de nuevo, pues entonces se convierte en desempleado.

Así que no es tan extraño que la tasa de desempleo aumente precisamente cuando el empleo crece y baje cuando el empleo decrece.

Y por cierto. ¿Alguien del gobierno se está tomando la molestia de explicar lo anterior?

Ya le decía. O no le entienden o están en la poltrona.

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