Opinión

El espionaje que viene

  
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Hacker. (Bloomberg)

El martes pasado The New York Times publicó un extenso reportaje sobre el espionaje al Partido Demócrata. Los autores de tal infiltración, ya se sabe, están ligados a Moscú y la información obtenida y diseminada dañó la candidatura de Hillary Clinton.

Decenas de miles de correos electrónicos de figuras clave en el equipo de Clinton (empezando con John D. Podesta, director de la campaña demócrata) fueron obtenidos por los rusos mediante hackeo, material que fue filtrado en distintos momentos de las elecciones estadounidenses.

Pero lo que más llama la atención de la relatoría hecha por el Times es la fragilidad en la que estaba, cibernéticamente hablando, el (todavía) partido en el poder en Estados Unidos.

Se puede decir que el ataque no encontró resistencia alguna. “El Comité Nacional Demócrata es una organización sin fines de lucro, dependiente de donaciones, con un presupuesto para seguridad de apenas una fracción de lo que una corporación de su tamaño tendría que tener”, expone el Times.

Además de carecer de un sistema de seguridad cibernética con la debida sofisticación, elementales errores humanos de diferentes funcionarios del Partido Demócrata y burocracias que no se sentaron a revisar el tema sino hasta siete meses después de que el FBI diera la primera señal de alarma del hackeo, abrieron de par en par las puertas a los espías rusos.

La operación rusa –para sabotear a Hillary o para ayudar a Donald Trump, como se prefiera– contó con un aliado más: “El apetito de los medios por el material hackeado, y que los medios sólo enfocaran la cobertura al elemento chismoso de lo sustraído, en vez de hablar sobre que la fuente del mismo era rusa, frustraba a varios de aquellos cuyos correos electrónicos estaban siendo reproducidos a través de internet”.

El año que entra habrá elecciones en nuestro país. Al menos dos de ellas tendrán cobertura nacional.

Debido en parte a nuestro centralismo mediático, pero sin duda por su peso real como granero de votos, y simbólico dado que ahí nació el actual presidente, la renovación de la gubernatura del Estado de México será cubierta mediáticamente no como un asunto local, sino de primera relevancia.

En el caso de Coahuila, la posibilidad de que Humberto Moreira busque una diputación local sólo ha agregado interés (y morbo) a una contienda donde el Partido Acción Nacional intentará repetir al Revolucionario Institucional la dosis aplicada en 2016, cuando le ganó estados donde no había habido alternancia.

Finalmente, no se puede descartar que la elección de Nayarit se convierta en materia de escándalos (remember Colima) que la hagan saltar a la palestra nacional, por lo pronto su peso mediático es muy inferior al de Coahuila o Edomex.

El reportaje del Times nos recuerda que las batallas electorales se pueden manipular con escándalos mediáticos surgidos de materiales hackeados. Y que hackear nunca fue tan sencillo.

¿Cuánto de eso habremos de ver en los comicios del Edomex? ¿Y en los de Coahuila? ¿Quiénes jugarán el papel de los rusos en nuestras elecciones? ¿A sueldo de quién estarán los hackers, los espías, los que graban llamadas?

De tiempo atrás en nuestro país las elecciones se disputan con filtraciones de llamadas, con materiales obtenidos de manera ilegal. Espionaje que es difundido acríticamente por los medios.

En Estados Unidos senadores republicanos y demócratas han urgido al gobierno a investigar la intervención rusa. Esto no puede ser un tema partidista, han advertido.

En México, ¿alguna vez se ha investigado algún espionaje? ¿Uno aunque sea?

El autor se toma vacaciones, desea a todos felices fiestas, lo mejor en el año 2017. La columna se publicará de nuevo el 2 de enero.

Twitter: @salcamarena

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