Opinión

El engrudo del procurador

El procurador general, Jesús Murillo Karam, un político muy respetado, no ha visto las suyas en ese cargo. Se le esfumó de entre las manos el caso del empresario Gastón Azcárraga y suda para mantener a la maestra Elba Esther Gordillo en la cárcel. Tropieza todo el tiempo en el caso de Oceanografía y está en contradicción permanente con su enemigo público Alfredo Castillo, el comisionado federal en Michoacán, sin olvidar que no ha podido lavarse la mancha que en sus narices
–metafóricamente hablando– caminó hacia la libertad Rafael Caro Quintero, el antiguo jefe del Cártel de Guadalajara. No obstante, ninguno de estos casos lo ha puesto más en entredicho que la captura de Rosa del Carmen Verduzco, Mamá Rosa, que lo ha dejado como un mentiroso, o en el mejor de los casos, como un abogado que se rige por periodicazos.

La semana pasada procedieron contra Mamá Rosa y varios de sus colaboradores en el albergue La Gran Familia en Zamora, por la denuncia de cinco personas que, de acuerdo con el procurador, estaban privados de su libertad, o sea, secuestrados, varios de sus familiares. El jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, Tomás Zerón, agregó que el operativo iba dirigido principalmente contra Verduzco por privación de libertad, abusos físicos y sicológicos, y además, sugirió, extorsión.

El caso que presentaron Murillo Karam y Zerón a la prensa el martes pasado, comenzó a quebrarse rápida y proporcionalmente a cómo crecía la protesta de un grupo de distinguidos historiadores e intelectuales que conocían a Mamá Rosa, y que alegaron vehementemente su inocencia. Para el viernes, Zerón dijo que no había orden de captura en su contra, sin explicar por qué entonces la detuvieron. El domingo por la noche, la PGR decidió ponerla en libertad, y el lunes, temprano, fue ingresada a un hospital privado en Guadalajara para que la atendieran por el impacto en su salud por la detención.

Ni el procurador ni el jefe de la Policía Ministerial han dado la cara para explicar qué es lo que sucedió, y porqué lo que afirmaron originalmente no era cierto. Ambos, como agravante, son los autores intelectuales de la embestida mediática en contra de Mamá Rosa, al haber sido tan explícitos en la descripción del caso que reflejaban sólido como una roda. Murillo Karam describió en la primera construcción del imaginario colectivo: “Se tuvo que actuar para empezar a eliminar las plagas que se encontraban ahí. Déjenme decirles que había ratas, chinches, pulgas”.

Zerón abundó con los datos, parecía, en la mano: “Durante la investigación se recabaron diversas declaraciones de testigos y víctimas que refieren diversos abusos físicos y psicológicos hacia los menores por parte de Rosa del Carmen Verduzco y de algunos funcionarios de la casa hogar, dentro de los cuales, destaca el ser obligados a pedir dinero en casas y calles, ser alimentados con comida en mal estado, dormir en el suelo entre plagas, tener abusos sexuales y la prohibición de poder abandonar las instalaciones”.

La PGR abrió las puertas del albergue La Gran Familia a la prensa el jueves para que documentaran las condiciones en las cuales vivían las 600 personas que liberaron, la gran mayoría menores, y les mostraron las porquerías que, afirmó, les hacían comer, la inmundicia en la cual, dijo, vivían todos, y les contaron que sacaron 20 toneladas de basura, que había cajas llenas de humedad y moho llenas de ropa nueva. Funcionarios de la PGR soltaron a la prensa la posibilidad de que hubiera fosas clandestinas y el fin de semana abonaron a su credibilidad con el dato que la investigación llevaba 14 meses, y no se limitaba a las cinco denuncias que originalmente dijeron Murillo Karam y Zerón que había motivado la orden de cateo.

Hoy, no se sabe exactamente qué es cierto y qué es falso. La PGR ha entrado en tantas contradicciones, y sus más altos funcionarios incurrido en mentiras e imprecisiones de una manera tan flagrante, que han provocado un daño considerable a la procuración de justicia. En el caso de Mamá Rosa, fue culpable de delitos del fuero común y del fuero federal un día, e inocente 72 horas después. La investigación de meses, evaporada en la olla de presión pública. Funcionarios de voz tronante y amenazas sibilinas contra quienes discrepan y se enfrentan a ellos, doblados por un puñado de intelectuales que decidieron que la justicia no es ciega, y que los ciegos eran ellos.

Que el gobierno se les arrodille no es el problema de fondo. El problema real es que si esa es la forma como se procura la justicia en este gobierno, con acusaciones inventadas, acciones medrosas, información falsa y propaganda tramposa, no importa si alguien es culpable o inocente ante la justicia mexicana, porque su suerte la determinarán las necesidades políticas coyunturales del procurador y del gobierno. Mamá Rosa será, en este sentido, la continuación de las inconsistencias jurídicas de una procuración de justicia que, como en años pasados, tiene en la politización la esencia de su ejecución.