Opinión

El empresario y la nueva complejidad

 
1
 

 

Facciones. Desesperación. Rostros. Preocupación. (Reuters)

“Las interacciones entre elementos pueden producir propiedades nuevas que no pueden explicarse a partir de las propiedades de los elementos aislados”, le escuché decir al consultor Ricardo Ricárdez Solís en una sesión de planeación el año pasado. Reflexión necesaria de digerir para quien aspira a perfeccionar sus aptitudes de empresario.

Y es que reducir la creación de empresas a la simple organización de los factores de la producción, procurando una rentabilidad determinada para el capital invertido, es subestimar la administración de la complejidad que conlleva identificar propiedades de los elementos que intervienen en la operación, visualizar diferentes interacciones posibles e instrumentarlas de forma armónica y eficiente hasta producir un resultado esperado por un cliente dispuesto a pagar por ello.

Sin importar el giro del negocio, la complejidad que enfrenta el empresario en su quehacer tiende a hacerse más grande y a presentar mayores retos en la medida en la que crece o que sirve a más mercados en paralelo. El tema da para una reflexión multidimensional, pero aquí tres complejidades que se enfrentan más temprano que tarde:

1. Ya no es acreditarse en el mercado, es cómo acreditarse para la oportunidad.- La distinción de tamaño o tiempo de vida pierde gradualmente relevancia en infinidad de mercados. Se torna más importante la comunicación inteligente de la oferta de valor al caso específico, la interacción omnicanal --digital y análoga-- y la capacidad para adaptar el producto o servicio a la realidad concreta del caso que se tiene enfrente.

2. Enfoque permanente a utilizar más los activos.- En línea con que el capital tiene siempre una expectativa de retorno, un activo --tangible o intangible-- debe estar sometido al análisis permanente de un mayor o mejor aprovechamiento. El reacomodo de los factores, el enfoque a la productividad y la eliminación de tiempos muertos o reprocesos evitables nunca debe ausentarse del vocabulario del empresario.

3. Capitalizar continuamente las experiencias.- El error es inevitable. La paralización ante la incertidumbre frecuente o la duda en momentos diversos de toma de decisión es muy recurrente. No serían organizaciones humanas si las empresas fueran infalibles. Además de reducir desviaciones y errores evitables, las experiencias positivas y negativas, las que producen dolor y las que producen orgullo se deben convertir en referentes continuos que nutran mejores capacidades unipersonales y, sobre todo, organizacionales.

Cualesquiera que sean las complejidades cotidianas en la tarea del empresario, hay que entenderlas como cualidades de lo que están compuestos diversos elementos interrelacionados y enfocarse a desagregar o agregar tales interrelaciones o los elementos que resulten necesarios, hasta identificar la agregación, supresión o nueva combinación que la empresa requiere para servir rentablemente al cliente objetivo.

Para un empresario, remataría Ricárdez, “la complejidad pasada es el estándar. El reto (siempre) es la nueva complejidad”.

EN EL HORNO…
En distintos viajes por el país y diferentes expos visitadas he tenido el gusto de conversar con algunos empresarios que amablemente me han compartido sus retos o sus historias de emprendimiento. En mayo dedicaré este espacio a compartir algunas historias y reflexionar sobre su pensamiento, su gestión y sus resultados. El lunes próximo, el caso de Galletas Lili y su continua adecuación obligada al entorno económico en México.

El autor es empresario y conferencista internacional.

Twitter: @mcandianigalaz

También te puede interesar:
La industria de reuniones, el mejor secreto guardado de México
Uber: el precio, el abuso y la regulación
El negocio con dinero de terceros: Tres factores que mantienen la confianza