Opinión

El empobrecimiento del empleo en México

 
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Constructora Arendal

No cabe duda que la gran asignatura pendiente en México es la creación de empleos formales bien remunerados, de manera que la mayoría de los mexicanos pueda aspirar a tener un buen nivel de vida.

Desafortunadamente, las cifras oficiales nos indican que no nos estamos acercando a ello, sino por el contrario, las condiciones salariales de la población ocupada son inclusive peores a las observadas hace cuatro años.

De acuerdo con cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI; la población ocupada en México pasó de 49.003 millones en el segundo trimestre de 2012 a 51.433 millones en el mismo trimestre de 2016, lo que representa un incremento de 2.430 millones de personas adicionales trabajando en un periodo de cuatro años. Sin embargo, la mala noticia es que el crecimiento del empleo en el país no se ha traducido en una mejora salarial, sino por el contrario, se ha registrado una caída en los ingresos medios por persona al pasar éstos de 2.41 salarios mínimos (S.M.) en el segundo trimestre de 2012 a 2.22 S.M. en el segundo trimestre de 2016.

Esta evolución se dio porque entre el segundo trimestre de 2012 y el mismo trimestre de 2016, la población ocupada que no recibe ingresos disminuyó en 518 mil personas, pero los que ganan menos de un S.M. crecieron en 1.261 millones y los que reciben de 1 a 2 S.M. aumentaron en 2.240 millones. Por su parte, los que ganan de 2 a 3 S.M. disminuyeron en 73 mil personas, los que perciben de 3 a 5 S.M. cayeron en 943 mil y los que ganan más de 5 S.M. decrecieron en 916 mil. En pocas palabras aumentó la población que trabaja ganando poco y disminuyó la que más gana.

De esta manera, si tomamos en consideración que el salario mínimo general (ponderado con la población asalariada) en 2012 fue de 60.50 pesos, mientras que en 2016 es de 73.04 pesos, pues vemos que nominalmente el salario promedio diario que percibe la población ocupada en México pasó de 145.54 pesos en el segundo trimestre de 2012 a 161.95 pesos en el mismo trimestre de 2016. Sin embargo, si ajustamos esta cifra por inflación vemos entonces que el salario promedio en México cayó un 2.7% en términos reales en el periodo de referencia.

¿Por qué se ha dado este fenómeno de pauperización del empleo en México? Un primer aspecto a destacar es que el número de trabajadores registrados ante el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) pasó de 15.748 millones en el segundo trimestre de 2012 a 18.273 millones en el mismo trimestre de 2016, lo que implica un aumento de 2.525 millones y como se puede apreciar, es una cifra apenas superior a los 2.430 millones de personas que se incorporaron a la población ocupada en el periodo. Es decir, en los últimos cuatro años no se ha abatido la proporción de empleo informal en el país.

Esto se confirma al ver que de acuerdo a cifras del INEGI, la Tasa de Informalidad Laboral (TIL1) pasó de 59.63% de la población ocupada en el segundo trimestre de 2012 a 57.18% en el mismo trimestre de 2016. Así, tomando en cuenta la población ocupada total en el país, esto significa que la población que labora en la economía informal pasó de un total de 29.220 millones a 29.409 millones en el periodo de referencia, por lo que el número de personas laborando en la economía informal de hecho aumentó en 189 mil personas en los últimos cuatro años.

Otra razón que explica porque se ha dado un empobrecimiento del empleo en México lo encontramos al ver la naturaleza de los nuevos empleos en el país. De acuerdo con la ENOE del INEGI; en el periodo del segundo trimestre de 2012 al mismo trimestre de 2016, la población ocupada por sector de actividad aumentó o disminuyó de la siguiente manera (en paréntesis se muestra la variación absoluta en el periodo de referencia): Industria manufacturera (+954,196); Construcción (+612,325); Restaurantes y servicios de alojamiento (+479,768); Servicios profesionales, financieros y corporativos (+328,097); Transportes, comunicaciones, correo y almacenamiento (+192,341); Servicios diversos (+66,013); Agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca (+41,977); Industria extractiva y de la electricidad (+25,691); Servicios sociales (+2,189); Comercio (-907); No especificado (-83,140); y Gobierno y organismos internacionales (-188,340).

Como puede apreciarse, solo el 39.3% de los nuevos puestos de trabajo se crearon en la industria manufacturera, siendo que ésta paga un sueldo promedio más alto que el del resto de la economía (un 3% más que el salario promedio de acuerdo con cifras del IMSS del segundo trimestre de 2016). Por su parte, las personas trabajando en la construcción representan el 25.2% de los nuevos puestos de trabajo, siendo que ésta actividad paga un 34.4% menos que el promedio de sueldos (también de acuerdo con estadísticas del IMSS).

¿Cómo puede entonces aumentar de manera sustancial y sostenida el empleo formal bien remunerado en nuestro país? Un primer aspecto tiene que ver con el incremento de la productividad de la mano de obra; es decir, que las personas sean capaces de hacer más con los mismo. Para lograr esto se requieren inversiones fuertes en el capital físico y humano de las empresas.

En la medida en que los trabajadores cuenten con más y mejores instrumentos de trabajo podrán generar una mayor producción durante su jornada de trabajo, y en ese sentido un dueño de empresa podrá pagarles un mayor sueldo sin ver afectadas las finanzas de su empresa.

En este sentido de poco sirve que en México los sueldos manufactureros sean en algunos sectores 10% menores a los que se pagan en China si lo que produce un obrero chino en un día es 15% más de lo que produce un obrero mexicano.

Esto no significa que los obreros chinos sean por si mismos más productivos que los mexicanos, pero lo que si denota es que en otras latitudes tienen más y mejores máquinas para trabajar, lo que les permite incrementar la relación de producto por trabajador.

El otro aspecto es el de la capacitación para la mano de obra, el cual le da mayores habilidades y destrezas a la población, lo que también eleva su productividad. Este tema además es importante porque a través de la capacitación es como se puede hacer que muchas de las personas que están en el grupo de población económicamente inactiva se incorporen a la fuerza laboral.

En diversos sectores productivos hay una clara escasez de mano de obra, lo que limita las posibilidades de crecimiento de los mismos. Si se logra implementar programas de capacitación para el trabajo efectivos, personas que ahora están auto marginadas de la fuerza de trabajo podrían incorporarse. Y de igual forma, no es lo mismo la contribución económica que genera una persona de 35 años que vende plantas en un tianguis, a lo que puede contribuir y ganar si ingresa a trabajar a una fábrica formal.

Dado todo lo anterior, es fundamental que se den los incentivos fiscales para que las empresas puedan realizar importantes inversiones en capital fijo y en la capacitación de sus trabajadores. De igual forma, es importante que los gobiernos de los tres órdenes destinen recursos para los programas de capacitación para el trabajo, y que esto se haga de acuerdo a las vocaciones económicas de cada región.

En la medida en que se trabaje en estos aspectos podremos ver un aumento importante en los niveles de ingreso y de empleo de la población, aumentará el Producto Interno Bruto, podremos exportar más, tendremos una balanza comercial menos deficitaria (cobra todo con las naciones asiáticas) y tendremos un mercado interno más robusto.

Finalmente, los gobiernos también deben entender que la mejor política social consiste en crear fuentes de empleo dignas y que deben darles a las personas las herramientas para que se incorporen a la fuerza laboral. De nada sirven los programas asistencialistas. Sobran ejemplos de programas que han costado miles de millones de pesos y que tienen el fin de abatir la pobreza, y sus resultados han sido evidentemente insuficientes.

Director General GAEAP.

Correo:alejandro@gaeap.mx

www.gaeap.mx

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