Opinión

El 'elefante blanco'
en la sala

 
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Caviar, el alimento italiano que Rusia si importa

Sí, hay que reconocer que la divulgación sobre los gastos de funcionarios de la Secretaría de la Función Pública en viajes al extranjero por la agencia Reuters es un raro ejemplo de cómo una nota periodística resultó en el despido de funcionarios mexicanos.

En democracias donde el gobierno y los políticos responden ante balconeadas de su comportamiento ilegal o no ético, con reportajes bien documentados, que se les da oportunidad a los funcionarios “acusados” de defenderse en la tribuna de la opinión pública, la prensa juega un papel importante en impartir justicia, aunque sea justicia mediática.

Pero el reportaje de Reuters sobre gastos de una funcionaria de la SFP que usó parte de sus 450 dólares diarios en cenar champán, caviar y salmón ahumado en la tienda departamental Harrods, en Londres, y que fue despedida, no puede considerarse un éxito periodístico, sino la búsqueda de chivos expiatorios ante la incapacidad del gobierno federal de perseguir a los corruptos.

La verdad es que no sé si cenar champán y caviar en Harrods es un lujo, y si, algunos podrían cuestionar los viáticos de 450 dólares que reciben funcionarios públicos o si gastar más de 500 dólares en dos taxis y dos comidas en varias horas de estancia en Frankfurt, como lo hizo el titular de asuntos legales de la SFP, Jorge Pulido, son gastos extraordinarios.

Lo sorprendente es lo fácil que fue despedir a estos funcionarios, cuando todo indica que no hicieron nada ilegal. Y la SFP no los defendió, aun cuando Reuters pidió información antes de publicarla. El departamento de finanzas de la SFP no respondió a Reuters sobre cuántos de sus empleados viajaron el año pasado, por cuánto tiempo y cuánto se gastaron. En lugar de eso entregaron cajas de cartón con cerca de mil páginas para su revisión.

Podríamos cuestionar los gustos culinarios de un funcionario, Alejandro Bonilla, quien comió calamar en menos de 24 horas cuando estuvo en Hawaii para las negociaciones del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP) cuando se hospedó en el hotel Kona. Se podrá argumentar que los 450 dólares diarios para los servidores públicos mexicanos que van al extranjero nos parece alto, pero es menor de lo que reciben funcionarios estadounidenses que viajan a ciudades caras como Londres y París.

Ahora lo interesante sería documentar, en detalle, cómo “se las gastan” funcionarios de otras secretarías y gobiernos estatales y de la misma Presidencia. De hecho, el secretario de la Función Pública, Virgilio Andrade, en un arranque de culpa y transparencia, debería de exigir que todos los funcionarios y legisladores suban a un portal la justificación de sus viajes y detalles de sus gastos y sobre todo su agenda de trabajo. La Secretaría de Relaciones Exteriores podría, como procedimiento automático, informar los detalles de las reuniones y conferencias en las que participan funcionarios mexicanos, y sobre todo su agenda de trabajo. No se trata de impedir que funcionarios hagan su trabajo en el exterior, sino de transparentar y justificar sus funciones.

Seguramente esto cambiará la forma en que se gasten sus viáticos y que sean un poco más modestos en sus consumos. Porque sí, las apariencias cuentan cuando uno recibe salarios del erario público. Y aunque no es ilegal quedarse en un hotel lujoso, siempre y cuando se justifique dentro de los viáticos proporcionados, el problema es la apariencia que imparte un gobierno cuestionado por su incapacidad de perseguir a los corruptos.

Será un año austero para las personas que trabajan en el gobierno federal con los nuevos lineamientos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y de la Secretaría de la Función Pública promulgados en el Diario Oficial de la Federación en donde se reducirán los costos operativos para los servidores públicos, como viáticos, viajes nacionales e internacionales, pasajes, alimentos, telefonía celular, convenciones, congresos y otros eventos.

Y sí, podrán presumir que en esta administración tan sólo en 2015 fueron sancionados por la Secretaría de la Función Pública más de ocho mil funcionarios. Es más fácil perseguir a los funcionarios de nivel medio, cuestionando sus gustos culinarios, sus gastos excesivos en taxis y la incapacidad de documentar algunos gastos. Pero la verdad es que los números que presume la SFP son para esconder lo que no se está haciendo en este gobierno, que es perseguir a los peces gordos, los “elefantes blancos” que tienen en la sala.

Twitter: @Amsalazar

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