Opinión

El eje México-Caracas-La Habana

   
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AMLO

La elección presidencial de 2018 se jugará en muchas bandas. En la política nacional, claro. Pero también en la arena internacional, geopolítica y financiera. En la política regional latinoamericana. Parece improbable hoy, cuando Nicolás Maduro está contra las cuerdas, que Venezuela intente jugar un papel en nuestras elecciones. He escuchado y leído a varias personas que, ante el incómodo tema del chavismo de exportación y su conexión mexicana, tratan de desacreditarlo: “¿Otra vez con eso?”. Como si fuera cosa juzgada y aclarada. Ni lo uno ni lo otro.

¿Puede Maduro, para intentar salir de la asfixia política en la que se encuentra, dar apoyo a Morena a fin de formar un eje México-Caracas- La Habana? Se quiso hacerlo antes, ¿por qué no habría de hacerse ahora?

Hace todavía un par de meses, el 7 de febrero de 2017, López Obrador fue entrevistado por León Krauze. Éste le preguntó al eterno candidato: “¿Mejor aquella democracia [la venezolana] que la nuestra?” Sin pensarlo un segundo López Obrador respondió con un “sí” contundente.

A pesar del tinte dictatorial del gobierno de Maduro, de los presos políticos, de sus agresiones a la Asamblea Nacional, de la violencia y la inflación –las más altas de América–, “sí”, responde: aquella democracia es mejor que la nuestra (www.youtube.com/watch?-v=HkpSELrKw6U&t=2176s, del 37:05 al :09).

En cuanto López Obrador asumió la jefatura de Gobierno del DF, Hugo Chávez en 2001 estableció en México una base operativa compuesta por grupos radicales. El más activo fue la Coordinadora Continental Bolivariana México (CCBM), fundada por el exministro de Relaciones Exteriores de Venezuela, Vladimir Villegas, con el fin de exportar la 'lucha bolivariana'. La primera visita de Villegas a México, a principios del siglo, fue organizada por Juan Pérez Medina, actual militante de Morena.

Estos grupos radicales bolivarianos (además del CCBM funcionaba el Comité de Solidaridad México-Venezuela y el Movimiento Mexicano Bolivariano) recibían apoyo de la embajada de Venezuela. Sus contrapartes mexicanas eran jóvenes ligados tanto a movimientos revolucionarios, como el EPR, como a las bases de apoyo de López Obrador.

La injerencia venezolana también se mostraba en público. El embajador venezolano en México, Lino Martínez Salazar, en 2004 declaraba: “López Obrador es un rayo de esperanza (…) con la capacidad de organizar al pueblo y dotarlo de un ideal de lucha para las peleas que están por venir” (La Crónica, 21.5.04).

Meses después, por esa y otras declaraciones similares, Lino Martínez fue cesado en octubre de 2004. Un año después, en presencia del nuevo embajador, Vladimir Villegas, Marcelo Ebrard, máximo operador político de AMLO en el Distrito Federal (DF), declaró en un acto público en Coyoacán: “Nosotros tenemos un gobierno federal vergonzante, enemigo de Cuba y Venezuela, pero ese gobierno no representa al gobierno de México. El pueblo de México somos nosotros” (Reforma, 31.07.05).

En noviembre de 2005 El Universal publicó una investigación sobre presuntos cargamentos de armas provenientes de Venezuela dirigidas al EPR. Ese mismo día de febrero el gobierno mexicano solicitó el retiro del embajador Villegas.

Diputados perredistas lo acompañaron al aeropuerto. Pero el trabajo ya estaba hecho. En el DF operaban 10 centros logísticos de grupos bolivarianos. Durante tres meses el reportero Francisco Reséndiz se infiltró en una de esas asociaciones, que recibía “dinero, asesoría logística e instrucción ideológica de activistas capacitados por el gobierno de Venezuela.” En el reportaje asegura que los líderes de los círculos bolivarianos están vinculados al EPR y al ERPI al tiempo que mantienen estrechos nexos con las redes ciudadanas que promueven la candidatura de López Obrador (Francisco Reséndiz, La Crónica, 7.3.06).

No sabemos si estas redes se activaron en 2006. El PAN pidió entonces al IFE que investigara el apoyo de la embajada venezolana a la Coalición por el Bien de Todos. La investigación no se llevó al cabo. Un año después, en octubre de 2007, Saúl Ortega, enviado del chavismo a México, declara: “es vital para nosotros que la lucha que se está dando en Venezuela se dé en México”.

El eje México-Caracas-La Habana, justificado para enfrentar las políticas también nacionalistas del gobierno de Trump, daría un respiro a Maduro, un salvavidas a Cuba y legitimidad 'progresista' a un hipotético y no deseable gobierno de López Obrador.

Twitter: @Fernandogr

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