Opinión

¿El efecto Trump o todo lo demás?

 
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ME. ¿En 50 días habrá un presidente Trump?

Pocas variables económicas son tan discutidas y analizadas en todos los niveles como el tipo de cambio. Así como los médicos no se pueden librar de las consultas de banqueta de familiares o amigos, los economistas suelen ser interrogados sobre el tipo de cambio. Las preguntas vienen acompañadas de las expectativas de una explicación sofisticada o un número mágico que pronostique con certeza absoluta el precio que tendrá la moneda en algún momento futuro.

El tema de conversación de estos días ha sido el tipo de cambio. Ya rebasamos los 20 pesos por dólar y se espera que continúe la volatilidad en el mercado. Quizás facilite el análisis pensar que el tipo de cambio es un precio, el precio de una moneda en términos de otra y su comportamiento se determina en función de la oferta de esa moneda y su demanda. Como estamos hablando de relaciones bilaterales, al abaratarse una moneda, la otra se encarece.

En lo que va del año el peso se ha depreciado 12.78 por ciento. En septiembre únicamente la depreciación ha sido de 4.68 por ciento y sólo en la última semana el peso ha perdido 3.60 por ciento de su valor. El peso mexicano es la décima moneda más negociada del mundo y es de las que más valor ha perdido en lo que va del año. Hoy se habla del “efecto Trump” para explicar esta depreciación.

Diarios como el Financial Times o medios como la BBC hacen referencia a éste e incluso hablan de las correlaciones fortísimas entre la subida del candidato republicano en las encuestas y la depreciación del peso. Pero correlación no implica causalidad.

El riesgo que la victoria del candidato republicano tiene para la economía mexicana –y en consecuencia para el precio de nuestra moneda– está vinculado con el comercio. La forma en la que el país obtiene dólares y otras divisas es el comercio. El discurso proteccionista de Donald Trump sin duda nos debería de poner en alerta. No solo cambiaría radicalmente la forma de producir en todo América del Norte, no únicamente en México, sino que también alteraría el flujo de dólares hacia el país. Pero entonces también tendríamos que hablar del “efecto Hillary”. Si bien el candidato republicano grita más fuerte, el discurso proteccionista de la candidata demócrata no es más suave. Quizás, incluso, ella cree más en el proteccionismo que su oponente.

Valdría la pena ver más allá de Trump para explicar nuestra realidad cambiaria. Tendemos a ver con lupa lo que pasa en el corto plazo y no ponderamos adecuadamente lo que pasa en el tiempo. Hoy pensamos que si el peso se ha depreciado en los últimos días y además Trump ha subido en las encuestas, entonces la razón debe de ser Trump.

¿Qué hace que una moneda pierda valor? Cualquier relación que veamos en un punto estático en el tiempo, nos dirá poco. Para poder tener una explicación más comprensiva, nuestra bola de cristal tendrá que darnos un horizonte más largo. La oferta y la demanda de nuestra moneda, de la moneda foránea, la inflación, las perspectivas de tasas de interés, la estabilidad percibida de la economía, todos son factores que inciden en la determinación del tipo de cambio. Considerándolo así, hoy en México estamos en una tormenta perfecta.

El Banco de México ya ha manifestado su preocupación sobre la trayectoria de las finanzas públicas, la tendencia creciente del saldo histórico de los requerimientos financieros del sector público y su impacto sobre la cuenta corriente. El incremento en el déficit de esta última preocupa al banco central, así como la disminución en la captación de recursos en la cuenta financiera, por las presiones sobre el tipo de cambio que implica. Poniéndolo en términos muy sencillos, están saliendo más dólares de los que están entrando al país. Las calificadoras ya han mostrado su preocupación sobre el deterioro en el balance presupuestal y el proyecto de presupuesto presentado hace dos semanas no calmó sus ánimos ni mejoró sus perspectivas.

El entorno externo actual no es favorable para una estabilidad cambiaria, pero el entorno interno tampoco presenta un panorama alentador. Quizás valga la pena alejar un poco la mirada de los candidatos presidenciales estadounidenses y enfocarnos en lo que sí podemos controlar: asumir con seriedad nuestra responsabilidad fiscal y hacer lo necesario para mantener la estabilidad económica que hemos tardado décadas en construir.

La autora es profesora de economía en el ITAM y directora general de México ¿cómo vamos?

Twitter:@ValeriaMoy

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