Opinión

El dólar: ¿símbolo o variable económica?

 
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El dólar: ¿símbolo o variable económica?

El dólar, para la gran mayoría de la población es más un símbolo que una variable económica.

Desde diciembre de 2014 hasta el día de ayer, el dólar se encareció en 33.8 por ciento. Pero en ese mismo lapso, la inflación, medida por el índice nacional de precios al consumidor, fue de 3.01 por ciento.

Y también en ese periodo, el incremento del salario nominal, calculado por el salario promedio de cotización del IMSS, observó un incremento de 9.2 por ciento en términos nominales.

Es decir, pese a la fuerte depreciación de nuestra moneda frente al dólar, el poder adquisitivo de los salarios del sector formal tuvo un incremento de casi 6 por ciento.

No es un milagro que se vendan más coches que nunca o que las ventas del comercio moderno estén en niveles nunca antes vistos.

¿Cómo explicar entonces esta sensación de desazón que se percibe por el hecho de que el dólar esté llegando a 20 pesos?

Por nuestra historia e idiosincrasia.

Durante las últimas tres décadas del siglo pasado y aún la primera de éste, asociamos las devaluaciones de nuestra moneda con crisis económicas. La devaluación significaba una fuerte caída de la actividad económica y una pérdida terrible del poder de compra de la mayoría de la población.

Esa historia comenzó en 1976, cuando concluyó un periodo de 22 años de tipo de cambio de 12.50 pesos por dólar.

Y la última ocasión que ocurrió fue en la última parte de 2008, cuando estalló la crisis financiera global y no sólo se depreció el peso sino que la economía se desplomó.

En esta ocasión eso no ha ocurrido. Sin embargo, en la memoria colectiva persisten esos temores.

En los tiempos de la paridad fija se acuñó aquella frase que decía: “un presidente que devalúa se devalúa”.

Hoy, el presidente de la República, sea quien sea, ya no tiene poder para determinar la paridad de nuestra moneda.

En el mejor de los casos, en algunas circunstancias, es el banco central el que puede influir de manera más directa pero sólo coyuntural y limitadamente, mediante alzas de tasas de interés.

Pero, creo que tardaremos todavía algunos años en erradicar de nuestro inconsciente colectivo ese fantasma de la devaluación (o ahora depreciación) igual a crisis.

Hay que ponderar las cosas. Hoy somos una economía sumamente abierta en la cual, un dólar caro beneficia a muchos y perjudica a muchos otros. No hay un efecto parejo.

Quienes reciben remesas en dólares, no tendrán motivos de reclamación por el nivel de la paridad que hoy vemos. Tampoco muchos de los exportadores de bienes y servicios.

Pero sí quienes tienen una canasta de consumo en la que hay bienes y servicios que se cotizan en dólares, como productos electrónicos o viajes, por ejemplo.

Una depreciación excesiva va a acabar traduciéndose en inflación, ni duda cabe.

De la misma manera que una apreciación prolongada (como en los tiempos del llamado ‘superpeso’) se traducía finalmente en pérdida de competitividad y un golpe a los productores mexicanos.

Veamos a la paridad del dólar como lo que es: una variable económica relevante, que tiene múltiples impactos. Pero quitémosle ese significado de emblema del éxito o de la crisis económica, del cual todavía muchos lo tienen investido.

Twitter:@E_Q_

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