Opinión

El dólar: regreso a ‘los básicos’

 
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Ni la devaluación del peso frente al dólar es la gran tragedia nacional ni tampoco es algo que sea irrelevante.

En una coyuntura como la que vivimos surgen quienes se colocan en los extremos. Los que todavía piensan –como decía el tristemente célebre José López Portillo– que hay que defender el peso ‘como perro’, pero también hay otros que equivocadamente suponen que la devaluación es inocua.

Para entender bien el impacto que el dólar caro tiene en nuestra economía, hay que regresar a ‘los básicos’.

La paridad del peso frente al dólar es un precio relativo, que nos afecta negativa o positivamente, según nuestra posición en la economía.

En un mercado abierto, líquido y relativamente libre, como el cambiario, la paridad se fija principalmente por la oferta y la demanda, que una medida importante se presentan en los mercados financieros más grandes del mundo, como Nueva York, Londres o Chicago.

Lejos están los tiempos en los que el Banco de México tenía en sus manos la fijación del tipo de cambio. Hoy quizás pueda influir un poco, dando liquidez (vía las subastas de dólares) o subiendo el rendimiento de los activos en pesos (vía las tasas de interés).

El encarecimiento del dólar tiene impactos de dos órdenes. De primer orden haciendo que los precios de bienes, servicios y activos o pasivos en dólares, se incrementen.

Esto ya ha ocurrido en cierto grado.

Pero también hay efectos de segundo orden. Si existe la percepción de que el incremento del valor del dólar va a ser permanente, entonces, influye también en las expectativas y por lo mismo en los procesos de fijación de precios.

El tipo de cambio corporativo al cierre del año pasado fue de 17.20 pesos. De acuerdo con la encuesta de expectativas que el Banxico dio a conocer esta semana, la expectativa para el cierre de 2016 es de 17.60 y de 17.17 para diciembre de 2017.

Esto quiere decir que la devaluación esperada este año es de 2.3 por ciento y para dentro de dos años, se plantea incluso una apreciación leve.

Mientras esta expectativa domine los mercados, probablemente no veamos impactos de segundo orden.

Pero, entre los impactos de primer orden sí hay ya ganadores y perdedores.

Ganan quienes tienen activos en dólares (como el Banco de México); pierden quienes tienen deudas en dólares e ingresos en pesos (como algunas constructoras).

Ganan quienes exportan una parte elevada de su producción y pagan costos en pesos, como las armadoras o empresas hoteleras. Pierden quienes importan una parte importante de sus insumos y tienen que vender en pesos, como empresas del sector electrónico. Ganan quienes reciben sus remesas y pierden quienes en la frontera hacen compras en dólares.

El cambio es profundo. Del 30 de junio de 2014 al día de ayer, la devaluación nominal fue de 40.4 por ciento y la real de 33.5 por ciento.

Los efectos sobre ganadores y perdedores van a ser profundos, y por lo mismo, los veremos en el mediano plazo.

Como le he comentado en otras ocasiones, creo que a la larga, este proceso fortalecerá la posición del país como líder exportador de bienes y servicios en la región y dará un nuevo aliento al crecimiento del país en el momento en el que el mercado norteamericano se recupere de manera más visible.

Twitter:@E_Q_

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