Opinión

El dólar le pegará a la inflación

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Dólar: ¿quién gana y quién pierde?

En los últimos 12 meses la depreciación del dólar frente al peso fue de 12.7 por ciento. Sin embargo, la última inflación anual registrada fue de 3.07 por ciento.

¿Ya se desconectó de la inflación el impacto de la devaluación de nuestro peso?

Por lo pronto sí. Allí están las cifras para demostrarlo, pero no es claro que vaya a ser así en el futuro.

¿Cómo le puede pegar la depreciación del tipo de cambio a los precios?

El impacto más directo es a través del encarecimiento de las importaciones.

El año pasado, las importaciones de bienes de consumo sumaron 58 mil 299 millones de dólares. El tipo de cambio promedio de 2014 fue de 13.36 (al mayoreo), de modo que en pesos, esa cifra es de 778 mil 874 millones de pesos. Si el promedio de este año fuera de 14.50, entonces la cantidad de pesos por el mismo volumen de importaciones sería de 845 mil 335 millones. Es decir, se pagarían 66 mil 461 millones más.

Ese sería el monto en el que se encarecerían las importaciones de este tipo de bienes por efecto de la depreciación.

Aquí hay dos posibilidades: una de ellas es que los importadores le trasladen esa cantidad directamente a los consumidores; la otra es que mantengan los precios en pesos o al menos que no repercutan el alza en su totalidad.

Lo que ha ocurrido principalmente es lo segundo.

Eso mismo pasó en 2009. En ese año de crisis, la depreciación de nuestra moneda fue de 21.1 por ciento y la inflación quedó en 3.57 por ciento.

La razón por la que no se puede repercutir el incremento de los costos de importación en los precios es porque el mercado interno está deprimido y muchos no se atreven a subir precios ante el temor de perder clientela.

Paradójicamente, el hecho de que la actividad económica sea floja explica que nos vaya bien en inflación.

Sin embargo, esa situación no puede ser permanente. En 2010, la inflación llegó a 4.4 por ciento, el nivel más alto que hayamos tenido desde 2008.

No sería imposible que los incrementos de precios fueran más elevados en el futuro.

Y el tema no es sólo la inflación. La situación de relativa estabilidad financiera que el país ha tenido en los últimos años, sólo opacada por la inestabilidad cambiaria, también es frágil y podría ser influida por las expectativas de los mercados financieros.

Este cuadro complejo es el que ha hecho pensar a diversos analistas que aun antes de que la Reserva Federal eleve sus tasas de interés, lo hará el Banco de México, que en el informe que dio a conocer esta semana tomó nota de los riesgos de inestabilidad que están presentes en el entorno.

En estas semanas el foco fue –y sigue siendo– Grecia. Pero en los próximos meses los puntos “calientes” en las finanzas internacionales pueden girar hacia Brasil o por el riesgo de alza de tasas, hacia Estados Unidos.

La relativa solidez de las finanzas mexicanas es equivalente a una construcción mejor hecha que otras.

Pero por mejores cimientos y pilares que haya, si enfrentamos una secuencia de terremotos financieros, no habrá construcción que aguante.

Para tomarlo en cuenta.

Twitter: @E_Q_

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