Opinión

El diputado Sesma

Repantigado en el mullido sillón del amplísimo estudio, Gil leyó en su periódico Milenio que el presidente del grupo parlamentario del Partido Verde Ecologista, que ni es verde ni es ecologista, anunció que presentará una iniciativa para reformar la ley de establecimientos mercantiles para prohibir los espectáculos donde aparezcan desnudos. El espíritu de Uruchurtu, el Regente de Hierro, el hombre que se obsesionó persiguiendo a la prostitución en México, ese fantasma deambula por la sede del verde.

En un documento inverecundo (gran palabra), Jesús Sesma ha escrito que busca terminar con los espectáculos donde haya pasarelas o bailes donde se exhiban personas desnudas o semidesnudas, y cualquier tipo de espectáculo erótico que fomente la trata de personas con fines de explotación sexual y laboral. ¿Cómo la ven? Con albur, y de los grandes.

Esto ocurre cuando un grupo de legisladores ha hecho un gran negocio con un partido político cuya marca atrae a más personas de las que imaginan la lectora y el lector. Esto pasa cuando se legisla de más, cavila Gamés, y se confunde trata con prostitución.

Sesma y sus compañeros legisladores lograron la locura de aprobar una ley, aún no promulgada, que prohíbe la exhibición de animales en los espectáculos circenses; ahora, se propone prohibir los desnudos o semidesnudos. “La propuesta de ninguna manera es puritana ni conservadora. No se busca terminar con la fuente de ingresos de las personas que desarrollan una actividad lícita en centros nocturnos de entretenimientos para adultos”, dijo el diputado Sesma.

De acuerdo, la propuesta de Sesma es progresista. Como todo mundo sabe, prohibir desnudos siempre ha figurado en la vanguardia de las grandes ciudades del mundo. Todos vestidos y contentos y el que se quite la ropa en un espectáculo público será castigado. Sesma no es conservador, se trata de un vigilante de las buenas costumbres.

Vestidos y vestidas

Gil ha pensado y repensado en un table dance en el cual todos y todas deambulen por el tugurio perfectamente bien vestidos, con gusto vaya, y si se puede con bufanda, mejor. El lap dance, ese momento en el cual la mujer empleada por el establecimiento se pone a horcajadas sobre las piernas de un hombre, o de una mujer –sí diputado Sesma, con movimientos lúbricos por los cuales cobra dinero– de ahora en adelante debe ocurrir en pans. Pas mal, piénsenlo, los caminos del deseo son oscuros e inescrutables (grandísima palabra).

La nota de Ilich Valdés explica que “en el Día Internacional contra la Explotación Sexual y del Tráfico de Mujeres, Niños y Niñas, Rosy Orozco, titular de la Comisión Unidos contra la Trata; el primer visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Luis García López; Laura Ballesteros, de la Comisión de Derechos Humanos del DF, y Alberto Cinta, señalaron algunos aspectos para combatir la trata de personas”. No se lo tomen a mal a Gamés, pero el grupo forma muy rápido un puchero intragable.

Preparen los jitomates: los comisionados de Derechos Humanos no hacen un café; la verdad, Rosy Orozco se ha convertido en una cruzada en busca de que todo desnudo que no ocurra en la vida privada de la familia se convierta en delito, y Alberto Cinta, my God, testaferro (gran palabra) si los hubo de Elba Esther Gordillo, fundador del Partido Nueva Alianza, candidato, mju, a jefe de Gobierno, diputado del Partido Verde Ecologista y empresario oportuno y abundante de aquí y allá. No cuenten con Gil para hacerles el gordo caldo, o como se diga.

Trata

Que legisladores como Sesma y Cinta vengan a lavarse la cara condenando la trata de personas y confundiendo el secuestro y la esclavitud con la prostitución, le parece a Gil un cretinismo ufano. Sí, condenar la trata, sin duda, pero de ningún modo hombro con hombro, hombre con hombre, de Cinta y Sesma, rufianazos de esos que permite el mundo democrático. Prostitución y trata no son la misma cosa, medita Gil, desde Heliogábalo hasta nuestros días. La trata debe ser castigada por leyes severas, la prostitución regulada por leyes bien pensadas.

Qué gran idea la del Partido Verde: prohibir los desnudos. Gil caminó sobre la duela de cedro blanco y al llegar al muro norte, se dio un tope de los fuertes, de los que cimbran el lóbulo frontal: ¡soc! Y hay quien les cree a estos sinvergüenzas.

La famosa máxima de Jean Paul Sartre espetó dentro del ático de las frases célebres: “Mi libertad termina donde empieza la de los demás”.


Gil s’en va.

Twitter: @GilGamesX