Opinión

El dinero y el tiempo

 
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Hans Magnus Enzensberger. (http://www.gandhi.com.mx/siempre-el-dinero)

Todo el mundo habla del dinero. Ya sea por los papeles panameños y los paraísos fiscales o por Uber y su tarifa dinámica. A pesar de que sabemos desde hace siglos que “la peor maldición de la humanidad es el dinero” (Sófocles en Antígona) no podemos dejar de pensar en él. Si se tiene poco, es un desastre; si mucho, una pesadilla. “La riqueza endurece el corazón más rápido que un huevo hirviendo en agua”, afirmó Börne. Hoy dicen que lo de Uber fue usura, pero no vi a nadie quejarse ni exigir regulaciones cuando sus precios bajaron y fueron inferiores a los de los taxis. Quejarse de la usura se considera moral y es bien visto. El gran poeta Ezra Pound escribió un magnífico poema contra ella. Permaneció 12 años en una institución psiquiátrica. “El honor sin dinero –escribió Racine– no es más que una enfermedad.”

Bernie Sanders entusiasma a los jóvenes en Estados Unidos. Como miles de personas que noche a noche acampan en la Plaza de la República en París, Sanders piensa que llegó la hora de cambiar el sistema. No es claro por cuál habría que sustituirlo. En España Podemos y en México López Obrador enarbolan la bandera populista, ofrecen también un cambio de sistema. No más neoliberalismo, dicen, para evitar la palabra capitalismo. No son pocos los que han luchado contra él. “Los bolcheviques lo intentaron, pero sus líderes pronto se aseguraron una existencia acomodada. Lenin conducía un Rolls Royce que todavía hoy puede verse en un museo de Moscú”, escribe el novelista y ensayista alemán Hans Magnus Enzensberger en su más reciente libro: ¡Siempre el dinero! (Anagrama, 2016).

Ocurrió lo mismo con los sandinistas y con los revolucionarios de la Sierra Maestra. Mejor que entender el ciclo del capitalismo –crecimiento, estancamiento, recesión y quiebra– y sus crisis continuas, se sueña con cambiarlo todo. Se nos olvida que la revolución también es un negocio. “Siempre que hay un cambio de régimen –escribe Enzensberger– hay alguien que pasa por caja”. Willy Brandt, el gran político socialdemócrata, aconsejaba “renunciar al sueño de una sociedad futura que sea completamente distinta”, pero me temo que renunciar a ese sueño es imposible. Su formulación más acabada en nuestros días se presenta bajo la bandera de la lucha contra la desigualdad. De ese modo se evita hablar de explotación y lucha de clases. En el fondo se trata del mismo reclamo moral. “Lo que tú imaginas que tiene que ser una sociedad justa –dice Enzensberger– no ha existido jamás. En decenas de miles de años, todos los intentos por alcanzar esta situación han fracasado, desde Espartaco hasta Mao y Pol Pot.” Y es que, en verdad, no hay forma de acabar con ese sueño.

El de Enzensberger no es un tratado, ni siquiera un ensayo, es una muy agradable novela dirigida a los jóvenes. Como antes lo hizo en El diablo de los números y ¿Dónde has estado, Robert?, Enzensberger adopta un tono pedagógico. A sus 87 años quiere trasmitir lo que la vida le ha enseñado, que no es poco. En esta novela lo consigue de un modo magistral. Respecto al dinero, aconseja: “es preferible tener mucho que tener poco”; “cuanto menos pienses en el dinero, mejor”; “si todos fueran ricos, nadie querría remar”; “la salud sin dinero es media enfermedad”. 

No se trata de ningún modo de una trillada justificación del capitalismo. Enzensberger parte de una certeza que le ha dado la experiencia: “lo mismo que la riqueza, la pobreza no desaparece jamás.” Con Marx, piensa que el capitalismo va a terminar mal. Pero “¿cuándo se derrumbará exactamente? Mientras vivamos, no”.

El sistema actual lleva implícito la inflación, la carestía, los cárteles, el desempleo, la escasez de créditos, el fisco abusivo, el lavado de dinero, la manipulación de los tipos de interés, las devaluaciones, los derivados financieros, la riqueza obscena. “¿Porqué despiertan tanta curiosidad los ricos? –se pregunta Enzensberger–.

Nadie los soporta, pero casi todos quieren ser como ellos.” La última vez que la humanidad se propuso acabar para siempre con la pobreza el saldo fue de decenas de millones de muertos y otros tantos encerrados en campos de concentración. Cuesta trabajo aceptar que los ricos son tan inevitables como el clima. Que la ambición es la madre de todos los inventos. Que el lujo es uno de los motores de la prosperidad. Que es necesario reformar el sistema, no hay duda de ello. Podemos comenzar por lo esencial, colocando al tiempo por encima del dinero. “El tiempo es dinero –remata Enzensberger–, he aquí otro dicho estúpido.

Porque lo contrario es cuando menos igual de cierto: con dinero puede uno comprar tiempo”.

Twitter:@Fernandogr

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