Opinión

El dilema de la economía mundial

Los mercados de Europa se pintaron de rojo el día de ayer. Algunos, como en España e Inglaterra, con caídas de más de 3.0 por ciento.

Había gran expectativa respecto a que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, anunciara ayer detalles de un programa de inyección de liquidez a través de la compra de títulos privados y deuda soberana. Y no hubo tales anuncios.

Así que existe la percepción de que en Europa no se están tomando aún suficientes medidas para evitar el estancamiento crónico que vive.

Déjeme darle algunas cifras.

El pronóstico más reciente del FMI estima que este año la zona euro crecerá apenas 1.1 por ciento. De esta manera, el PIB estaría todavía 1.0 por ciento por abajo del nivel que tenía en 2008.

Si las cosas caminan, apenas en 2015, con un crecimiento de 1.4 por ciento, el PIB de esa zona llegaría a la marca que tenía antes de la crisis. Es decir, se consumarían siete años de estancamiento.

Esta situación ha conducido a que el peso de la zona euro en la economía mundial haya bajado en pocos años. En 2007 representaba 15.6 por ciento del total y para este año será de 12.8 por ciento, una pérdida de casi tres puntos en siete años. Pese a la caída, todavía pesa mucho. Como bloque, su importancia sólo está detrás de Estados Unidos y China (a dólares PPP).

Por esa razón es que el estancamiento europeo le pega de manera tan directa a la economía mundial en su conjunto.

Y además de todo, impide una buena articulación de políticas monetarias entre las economías avanzadas. Mientras la Reserva Federal va en el camino de la normalización a partir de los buenos resultados de la economía norteamericana, con posibles alzas de tasas hacia finales del próximo año, el Banco Central Europeo aún no se decide a definir los términos de su programa expansivo.

Cuando se ve esta panorámica, pareciera afortunado que del total del comercio exterior de México, sólo 5.0 por ciento se realice con Europa.

En efecto, el impacto directo que tenemos es mucho más fuerte con Estados Unidos. Pero la propia economía estadounidense puede verse frenada si Europa sigue sin crecer, ya que 30 por ciento de sus exportaciones va allá, y es su principal compradora por encima de Canadá y México.

La decepción que produjo ayer en los mercados el anuncio de Draghi es una muestra de lo que podría ocurrir en el curso de los siguientes meses en el mundo ante situaciones de alta volatilidad.

La perspectiva de mediano plazo fue resumida ayer por la directora gerente del FMI, Christine Lagarde, quien argumentó ante la Universidad de Georgetown que la economía mundial podría vivir una etapa de crecimiento mediocre por un periodo prolongado.

“La economía mundial está en un punto de inflexión: puede caer en un largo periodo de crecimiento mediocre o puede apuntarle a un mejor camino donde las políticas aceleren el crecimiento, incrementen el empleo y se logre un ´nuevo momemtum´”.

Allí está el dilema del mundo en que vivimos.

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