Opinión

El dilema de Anaya

  
1
  

  

Ricardo Anaya

El presidente nacional del PAN, Ricardo Anaya, ha propuesto a Margarita Zavala un plato de lentejas. Renuncia a tu beligerancia a favor de un juego limpio, a tus críticas a esta dirigencia unipersonal, y si lo haces tendrás parte del reino de los spots.

Vaya trueque el que intentan quienes presiden al partido que alguna vez fue sinónimo de decencia en la política.

Anaya, todo un precandidato oficial, tan listo para otras cosas, no entiende que el reclamo que algunos panistas le hacen no surge de la envidia o el cuentachilismo. No es un quítate tú para ponerme yo.

El reclamo de fondo de Zavala y de otros panistas es que una dirigencia que sólo apuesta a la agenda de una persona pone en riesgo no sólo la venidera elección presidencial, sino al partido mismo.

Esa agenda unipersonal, nunca vista tan descarnadamente en el panismo (ahí sí Anaya superó a Gustavo Madero), puede provocar la implosión del PAN como un proyecto histórico, puede terminar por vaciar a una institución que supo apuntalar esfuerzos democráticos incluso desde las derrotas.

Anaya el astuto no quiere entender –porque no le interesa– que en cosa de una semana (la pasada) la realidad de su partido ha cambiado diametralmente.

El triunfo del energúmeno en el país del norte y la detención del exgobernador Guillermo Padrés someterán al PAN a presiones muy distintas a las que se visualizaban meses atrás.

Si Acción Nacional quiere ser una fuerza con credibilidad en 2018 debe emprender con igual decisión una dinámica hacia el interior del partido, y otra hacia la sociedad.

Guillermo Padrés no se explica sin Gustavo Madero y éste no se explica sin Anaya. La caída de Padrés es gravísima para la imagen del PAN.

Es su Granier: un símbolo de abuso descarado. Si bien no es el primer panista en enfrentar cargos desde la cárcel (antes estuvieron el exgobernador de Aguascalientes Luis Fernando Reynoso Femat y el exdelegado Eduardo Zuno Chavira, por ejemplo), el golpe es mayúsculo y debería ser un revulsivo para el panismo.

Lo crearon, lo consintieron, lo protegieron. Y si leemos bien, no se han deslindado de él: ahí están las plañideras declaraciones de senadores como Mariana Gómez del Campo, que la semana pasada ponderaba la entrega de Padrés como un acto de valentía. Una senadora que no confía en las instituciones, menudo mensaje envía a los ciudadanos de a pie.

La cárcel de Padrés debería marcar un momento crítico en Acción Nacional, una llamada de atención muy oportuna, si se sabe atender, para que no ocurra otro Padrés. Los partidos son responsables de sus candidatos y sus gobernantes, más cuando tienen peso en el Poder Legislativo y en la política nacional. En términos de corrupción, el PAN está, toda proporción guardada, como el PRD en violencia con aquel infame alcalde de Iguala.

El otro fenómeno, el externo, sobra detallarlo, es Trump. Anaya es el jefe de tres gobernadores fronterizos, su partido tiene peso en el Senado –que debería influir (no se rían) en nuestra política exterior– y ante la debilidad del gobierno federal, es una pésima noticia que Anaya juegue al futurismo de su candidatura presidencial mientras el país requiere de políticos que contribuyan a diseñar las políticas para enfrentar a Washington.

Anaya debe poner por encima de su ambición personal al partido y al país. No por Zavala ni por otros suspirantes panistas. Qué va. Debe hacerlo porque si algún día soñó con pasar a la historia, este es el momento: la duda será si será un patriota o el sepulturero de su partido.

Twitter: @salcamarena

También te puede interesar:
Pokemoreno y Pokegraco burlan al INE… y a todos
¿El 'momentum' de Margarita?
​Contra la criminalización de los mexicanos