Opinión

El daño del petróleo

El gobierno federal de México sigue sufriendo una enorme dependencia petrolera, la cual no ha podido mitigar a través de un sistema fiscal más equitativo que amplíe la base de contribuyentes que efectivamente paguen los impuestos correctamente.

De acuerdo con estadísticas que pueden ser consultadas en el portal de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), en el periodo de enero a agosto de este año los ingresos presupuestarios del sector público sumaron $2.545 billones de pesos, los cuales son 2.6% superiores a los observados en el mismo periodo del año pasado; pero cabe señalar que de este total, $790.986 miles de millones de pesos (mmdp) correspondieron a ingresos petroleros, monto 0.3% inferior al observado en igual periodo de 2013.

Con estas cifras se evidencia que subsiste una enorme dependencia por parte del gobierno federal respecto a los ingresos petroleros, los cuales representaron el 31.1% de los ingresos totales en los primeros ocho meses de 2014; mientras que los ingresos tributarios del propio gobierno le representaron el 48.3% de los ingresos totales en el mismo periodo. Esto es, la federación obtiene por el petróleo una cantidad equivalente a casi dos terceras partes de lo que recauda de impuestos.

Esta excesiva dependencia por parte del gobierno federal respecto a los ingresos petroleros, aunado a la fuerte caída del precio del petróleo en los últimos meses, es lo que ha tenido muy ocupados a los legisladores quienes se han visto forzados a encontrar la manera de “cuadrar” la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2015 con los requerimientos plasmados en la iniciativa de Ley de Presupuesto de Egresos de la Federación para dicho año.

Y es de esta manera que los diputados federales aprobaron el pasado jueves 16 de octubre una Ley de Ingresos que estima una plataforma de producción de petróleo crudo de 2.4 millones de barriles diarios, además de un precio de referencia para la mezcla mexicana de crudo de exportación de $81 dólares por barril. Si bien los diputados disminuyeron la estimación del gobierno federal de $82 dólares por barril en un dólar a la baja, para muchos es demasiado optimista que los diputados hayan planteado un precio promedio de la mezcla mexicana de petróleo en $81 dólares cuando el viernes pasado el petróleo West Texas Intermediate (un tipo de petróleo de más calidad y más caro que el mexicano) cerró en $82.75 dólares por barril.

Lamentablemente, en este momento la expectativa es de que los precios del petróleo continuarán cayendo hasta unos $75 dólares por barril, derivado de la prolongación de los problemas económicos en la zona euro, la desaceleración económica en China a un estimado de crecimiento de 7.3%, y los efectos que pudiera tener en la recuperación de la economía estadounidense por el eventual endurecimiento de la política monetaria por parte de su Banco de la Reserva Federal (FED).

Veremos que hace la Cámara de Senadores una vez que comiencen a analizar la Ley de Ingresos 2015 que les fue turnada por parte de la Cámara de Diputados. ¿Ajustarán más a la baja el precio del petróleo y pretenderán compensar la pérdida de estos ingresos modificando alguna otra variable macroeconómica? Veremos lo que sucede en los próximos días, pero lo que es una realidad es que a estas alturas del siglo XXI, el gobierno mexicano no debería tener que seguir lidiando con situaciones como esta en el sentido de preocuparse por la caída del precio del petróleo.

Es sumamente dañina la dependencia petrolera que tiene el gobierno federal, y los elevados precios que ha tenido el petróleo en los últimos años han puesto al gobierno federal en una zona de confort por lo que dejo de hacer muchas cosas importantes. Al tener crecientes ingresos petroleros el gobierno federal dejó de apoyar debidamente a las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes) para que haya más creación de empleos y riqueza, y por otra parte permitió que la economía informal creciera a lo largo y ancho del país hasta representar el 25% del PIB nacional y el 59.8% de la población ocupada en el año 2012. Y es que hay que recordar el dicho: “Gato gordo no caza”, y eso es precisamente lo que le pasó al gobierno federal con un elevado precio del petróleo.

Y haciendo una analogía. ¿Qué le diría usted a un compañero empresario que le comentara que ha dejado de buscar nuevos clientes porque ya consiguió uno grande que le genera el 31.1% de sus ingresos? ¿Lo felicitaría y le diría que ya puede descansar o más bien lo animaría a que no cayera en una zona de confort y siguiera buscando más fuentes de ingresos para su negocio?

Habiendo dicho todo lo anterior, vale la pena recordar cómo el presidente Ernesto Zedillo tuvo que recortar el gasto público en varias ocasiones para sortear la situación causada por precios del petróleo cercanos a los $10 dólares por barril a principios de 1999. Pero por otra parte, se debe señalar que el alza en los precios del petróleo que vivieron las administraciones de Vicente Fox y de Felipe Calderón le permitió al gobierno federal incrementar su gasto público a una tasa muy por encima de lo que creció la economía. Pero lamentablemente muchos de los excedentes petroleros fueron despilfarrados en un mayor gasto corriente del gobierno federal y no se tradujo en una cantidad sustancial de mayor inversión. Tampoco vimos que la deuda pública del gobierno federal disminuyera en ese periodo gracias a estos recursos adicionales originados por los altos precios del petróleo, sino todo lo contrario, como ya hemos explicado en pasadas entregas, la deuda pública creció de manera alarmante en las dos administraciones panistas, al igual que ha seguido creciendo con la actual administración del gobierno federal.

No obstante los elevados precios del petróleo, en la administración del presidente Fox la deuda económica amplia del gobierno federal creció 49.2%, mientras que en la de Felipe Calderón se incrementó otro 195.1%, y en el lapso de diciembre de 2012 a julio de 2014 ésta se ha elevado 20.4 por ciento. Así pues, la pregunta es ¿Por qué los gobiernos federales no utilizaron los elevados ingresos petroleros para realizar las inversiones que transformaran a México en una nación más desarrollada? ¿Por qué no utilizaron estos recursos adicionales para disminuir la deuda pública y así dejarle una mejor situación financiera a las futuras generaciones? ¿Por qué simplemente utilizaron la mayor parte de estos recursos para incrementar el gasto corriente?

Ante esta realidad se debe advertir que México se ha equivocado y en su política pública se ha parecido más a Venezuela que a Noruega, ya que no ha sabido incrementar su base de contribuyentes para tener más ingresos fiscales y mejor utilizar los recursos petroleros para realizar inversiones en infraestructura, construcción de escuelas, financiar centros de investigación e innovación, tener maestros mejor preparados y pagados, y realizar los diferentes proyectos de inversión que nos coloquen como país desarrollado.

Así pues, cuando México tomó la decisión de vivir de su riqueza petrolera, despilfarrarla, y asumir que ésta nunca terminaría, por comodidad dejo de hacer muchas cosas que si hubiéramos hecho nos tendrían ahora en una posición mucho más competitiva a nivel mundial.

Más vale tarde que nunca, ojala que con este impulso que recibirá el sector energético nacional una vez aprobada la reforma energética seamos más inteligentes en la manera que invertimos la riqueza petrolera.

Director General GAEAP.

Correo:alejandro@gaeap.com

www.alejandrogomeztamez.com