Opinión

El cuento de los terroristas en México

 
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narcotráfico

La semana pasada me referí en este espacio a las declaraciones de los secretarios de Estado y de seguridad estadounidenses, Rex Tillerson y John Kelly en las que relacionan a los cárteles de la droga mexicanos con terroristas islámicos, declaraciones que no han tenido respuesta de las autoridades mexicanas a pesar de su enorme trascendencia.

Redefinir al narcotráfico como una amenaza terrorista es una idea que hace tiempo promueven políticos de derecha estadounidenses; la gran diferencia es que la Casa Blanca la haga suya.

Sobran argumentos y datos para exhibir el absurdo de que los narcos se aliarían con islámicos radicales; los cárteles no serían tan torpes de arriesgarse a que su tolerado modus operandi en Estados Unidos sufriera las represalias de Washington, además de que las tácticas terroristas no sirven al trasiego de drogas.

Le han buscado, pero no hay evidencia alguna de tal alianza. El Departamento de Estado y el Pentágono durante el gobierno de Obama descartaron la operación de grupos terroristas internacionales en México.

No obstante, Kelly, a pocos meses de estar a cargo de la seguridad nacional estadounidense, testificó ante diputados de su país que los cárteles mexicanos “comparten lazos con redes terroristas” que les permitirían contrabandear no sólo drogas o personas, sino “bombas sucias”.

En su oportunidad, Tillerson agregó que “claramente vemos estas conexiones de estas actividades con organizaciones terroristas, incluyendo el Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS)”.

Tenía que llegar un gobierno de ultraderecha en Washington para oficializar la mentira de que los narcos mexicanos y el Estado Islámico están aliados; el propósito es forzar a nuestro gobierno a una alianza rediseñada por ellos e implantar un “enfoque muy diferente (Tillerson) en el combate a las organizaciones criminales transnacionales” en nuestro territorio.

Así lo deja ver el comunicado emitido después del encuentro entre Peña Nieto y Trump en Alemania que dice, en relación con el crimen transnacional, que ambos mandatarios reconocieron “la necesidad de abordar este fenómeno con base en el principio de responsabilidad compartida y a través de una estrategia integral en ambos lados de la frontera”.

¿Qué entiende Trump por responsabilidad compartida? Su opinión sobre nuestro Ejército es que no enfrenta a los cárteles de la droga “por incapacidad o miedo”. Y de la clase política que representa Peña Nieto ha dicho cosas peores en entrevistas por TV.

Si el gobierno de Trump desconfía profundamente de las instituciones y de los políticos mexicanos, cabe suponer que entiende la “responsabilidad compartida” como una mera formalización de la intervención de sus fuerzas militares para hacerse cargo de los operativos en nuestro territorio. Su paradigma es el Plan Colombia.

Más importante para los mexicanos, que las intenciones estadounidenses, sería el planteamiento de nuestro gobierno sobre la operación de esa “responsabilidad compartida” en territorio mexicano.

Tristemente no se conoce ninguno.

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