Opinión

El contraste del consumo y la inversión

 
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Wal-Mart

Los datos de febrero revelan el contraste que existe en la dinámica de la economía mexicana.

El consumo interno privado creció en enero a una tasa anual de 4.5 por ciento. En contraste, la inversión (con cifras desestacionalizadas) lo hizo a una tasa anual de 1.0 por ciento.

El ritmo de crecimiento del consumo es el mejor para un mes de enero desde 2012. En contraste, el de la inversión fija bruta es el menor (con excepción de la caída de noviembre) desde marzo de 2014.

Hasta marzo, el consumo mantuvo su impulso según se observa en el crecimiento de las ventas de Walmart a unidades comparables, que crecieron 6.7 por ciento en el tercer mes del año.

La dinámica de la economía mexicana en este año dependerá en un grado importante del paso que logre sostener el consumo interno.

Tradicionalmente es la inversión la que determina el ritmo de la economía, pues el consumo tiende a tener un comportamiento más estable. En México, ante un ritmo muy pobre de la inversión, vemos lo contrario.

Si tomamos el largo plazo, el consumo creció durante los últimos 15 años a una tasa anual de 2.6 por ciento. Es algo normal en función del crecimiento de la economía.

Sin embargo, la inversión fija bruta creció a una tasa de sólo 2.8 por ciento.

Esto quiere decir que la inversión lleva muchos años sin despegar.

En este espacio le hemos insistido una y otra vez que el problema del bajo crecimiento de la economía mexicana tiene que ver fundamentalmente con un muy limitado ritmo de la inversión.

Aunque se han roto marcas en materia de inversión extranjera directa, no hay que perder de vista que el grueso de la inversión es local.

Y existe un ánimo entre los mexicanos que ha inhibido la canalización de recursos a la compra de maquinaria y equipo.

El indicador de confianza empresarial del sector manufacturero cayó 4.1 por ciento anual en febrero.

En estos dos últimos años la economía mexicana se ha mantenido a flote por el consumo privado.

Va a ser muy difícil que lo siga haciendo si la inversión no adquiere otro ritmo.

Y aquí la clave es el inversionista doméstico. Más allá de todos los discursos optimistas de las dirigencias, se requiere un empresariado que la apueste al país.

No está ocurriendo.

Se necesita que funcionarios públicos y líderes gremiales hagan lo necesario para que el empresario de a pie le ponga recursos al país.

Como aquí le he comentado, la confianza empresarial se ha deteriorado no por los resultados de las unidades económicas individuales, como por la imagen que del país tienen los empresarios.

Por esa razón, para generar una dinámica diferente en la inversión se necesita un cambio de percepción que hasta ahora no se ha conseguido.

Quizás podamos tener un primer semestre en el que las ventas internas lideren el crecimiento, pero no se podrá mantener esta circunstancia más allá si no despega la compra de maquinaria y equipo, nacional e importada.

Y eso no ocurrirá hasta que el ánimo empresarial sea más positivo. No hay otra manera.

Twitter: @E_Q_

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