Opinión

El consumo interno, viento en popa

 
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tienda de ropa

Como publicó esta semana EL FINANCIERO con base en información del Inegi sobre la evolución de los ingresos del sector comercio, en 2016 el consumo sigue siendo el motor del crecimiento de la economía. En enero-mayo las ventas al mayoreo aumentaron 6.5 por ciento con respecto al mismo periodo del año anterior y al menudeo 7.3 por ciento. Entre las primeras destacaron las del camiones (43 por ciento a tasa anual); de productos farmacéuticos, perfumería, prendas de vestir y artículos de esparcimiento (9.0 por ciento); y de maquinaria y equipo (7.0 por ciento). Mientras que entre las minoristas destacaron textiles y calzado (13 por ciento); enseres domésticos y computadoras (10 por ciento); y ventas por internet y catálogo (10 por ciento). Ese comportamiento impulsó la producción de los sectores textil, cómputo y electrónica, vestido y manufacturas diversas con incrementos a abril superiores a 9.0 por ciento anual.

Ello mantuvo en el terreno positivo al crecimiento tanto de la economía en su conjunto −de acuerdo con el Indicador Global de Actividad Económica (IGAE) en mayo creció 1.9 por ciento en relación con el mismo mes del año pasado− como, marginalmente, el de las actividades secundarias (industria), que se incrementaron 0.4 por ciento en ese mes, a pesar de que la producción industrial en Estados Unidos siguió mostrando debilidad (menos 1.4 por ciento en mayo) y las exportaciones no petroleras no automotrices continuaron a la baja (menos 2.5 por ciento a tasa anual).

La expansión de las ventas y del consumo en lo que va del año, y también en los anteriores, se explica por diversos factores. En primer lugar, un incremento importante del empleo formal (asegurados en el IMSS) de 442 mil trabajadores en enero-junio, que se suma a los más de 400 mil creados en 2014 y 2015 en promedio por año; segundo, aunque de manera modesta, se han recuperado los salarios reales (1.8 por ciento en el primer semestre de 2016); tercero, a junio la denominada 'masa de ingreso total', que combina la masa salarial (empleo y salarios en el sector formal) y los ingresos de los ocupados en el sector informal, aumentó 8.2 por ciento lo que aproxima la evolución del poder de compra de la población empleada; cuarto, el crédito bancario a la economía sigue aumentando significativamente, con todo y las elevadas tasas de interés activas en términos reales y la ineficacia del sistema bancario para otorgarlo; por último, las remesas de trabajadores en el exterior que se incrementaron en pesos casi 17 por ciento en el año y se han multiplicado por casi cuatro veces con respecto a 2000. Todo ello apuntaría a un crecimiento del consumo privado de 2.2 por ciento, que a su vez se traduciría en una expansión del PIB del orden de 2.0 por ciento en el año. Tasa mediocre pero, como se ha insistido sistemáticamente, razonable en el contexto internacional, en particular el latinoamericano si se compara con la recesión que experimentarán Brasil y Argentina en este año.

En ese contexto, la pregunta relevante es si esa expansión del mercado interno será sostenible y hasta cuándo. Los riesgos asociados van en aumento. En el ámbito interno van desde el incumplimiento en los objetivos de finanzas públicas (recorte al gasto en 2016, niveles de déficit y endeudamiento y programa fiscal para 2017) o que se acentúe el desastre en Pemex sobre todo en la relación y falta de pago con sus proveedores con las quiebras correspondientes, que pudieran acentuar la falta de credibilidad en las autoridades financieras y presupuestales, hasta una severa crisis de gobernabilidad derivada de los efectos económicos de las manifestaciones políticas (i.e. reforma educativa) que ya no son menores. A ello se suman los retos vinculados con evitar un círculo devaluación−inflación−devaluación, con tasas de interés al alza y de crecimiento a la baja.

En el ámbito externo la amenaza evidente sería el triunfo de Trump en las elecciones presidenciales de Estados Unidos y todo lo que ello implica para TLC, remesas, turismo, etcétera. Más allá de lo que haga o deje de hacer, la inestabilidad económica y financiera sería de alto riesgo a partir de noviembre; más nos vale estar preparados.
 
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