Opinión

El constructor
predilecto de Peña

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Enrique Peña Nieto

La toma de decisión en Los Pinos funciona sobre una racional invariable: todo problema del gobierno es una tormenta pasajera. Si el país se convulsiona por el asesinato de 43 normalistas, ya se cansarán de marchar y protestar. Si las críticas sobre la política económica son devastadoras, es un mero problema de los ricos y los grupos de interés afectados. Si los críticos en la prensa piden que el presidente retome el rumbo de su gobierno, les dicen que no oyen a la gradería. Si los cercanos al presidente, cuando logran que los escuche, le mencionan lo que sucede en las calles mexicanas, les cambia la conversación, desestima sus observaciones y responde, para cerrar la plática: “Tenme confianza”.

El México de Peña Nieto no es el México que ven muchos otros, incluidos miembros de su gobierno y el PRI. Sus diagnósticos, elaborados por ese mismo grupo enconchado, veta las opiniones de otros –incluidos miembros del gabinete– y sigue repitiendo los errores que, sin embargo, ve como aciertos tácticos y estratégicos. Un secretario de Estado confió que en dos ocasiones que opinó en reuniones del gabinete sobre un tema que le concernía, recibió como respuesta del grupo íntimo del presidente una descalificación tan grande como grosera, y no volvió a tomar la palabra. Otro secretario se queja que hay decisiones que le competen a él, de las que se ha enterado por la prensa.

La endogamia presidencial ha provocado que varios de los temas que han puesto de cabeza al presidente Peña Nieto, sean procesados como parte de esas tormentas que con el tiempo, creen, pasarán. Pero la vida pública no es tan simple y hay temas, que aún si bajan de intensidad y beligerancia, no desaparecerán. Sobre todo si hay una reiteración, por descuido, desaseo, cinismo o, peor aún, por la prepotencia de que como nada pasa, todo se puede. Este jueves el presidente volvió a caer en esta dinámica de la que piensan en Los Pinos son inmunes.

Un amplio reportaje de mil 817 palabras –siete páginas de computadora– publicado en el periódico más influyente del mundo, The New York Times, retoma lo que creían saldado en Los Pinos, el tema del conflicto de interés presidencial. Para ello tomaron el caso particular de Armando García, un comunero en San Francisco Xochicuautla, en el Estado de México, que para evitar que una carretera cruzara por su propiedad, ubicada en una reserva natural, peleó en tribunales y organizó protestas. Nadie le hizo caso a la ley y cuando protestó lo encarcelaron.

El ángulo que llevó al Times a poner a disposición de millones de personas en el mundo lo que sucede en México, es que el desprecio de la autoridad por la ley tiene como base que el contratista de la obra es Juan Armando Hinojosa, presidente del Grupo Higa. Después de años de batallas, dice el rotativo, el presidente Peña Nieto firmó una orden ejecutiva este mes para expropiar unas 36 hectáreas de lo que consideran los comuneros como una “tierra sagrada”.

En la historia de García está el legado que, quiera o no, marcará parte del gobierno de Peña Nieto. El Times de Nueva York recuperó las acusaciones de conflicto de interés en contra del presidente y el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, que compraron casas a través del Grupo Higa, la llamada 'casa blanca', y la casa de campo en Malinalco. “Después de una tormenta de acusaciones de que el presidente y su secretario de Hacienda… estaban recibiendo favores especiales de un contratista que gana lucrativas licitaciones públicas, Peña Nieto se defendió y dijo que no había conflicto de interés”, apuntó.

Ni el presidente ni su círculo íntimo han sido acusados de ningún delito, dijo el diario, lo que no deja de ser un tema altamente controversial.

No parece ser polémico para el presidente, narraron las corresponsales del periódico, porque nombró para investigar si había una ilegalidad en la asignación de obras al Grupo Higa, a Virgilio Andrade, secretario de la Función Pública, abogado en el equipo de transición y amigo de años del grupo en el poder. Al conflicto de interés se le sumó, como tantas veces se dijo en los medios en estos meses, un nuevo conflicto de interés.

La publicación en el Times es significativa no tanto por el hecho en sí mismo de mantener el tema vivo, sino porque hay abogados o grupos afectados por este compadrazgo presidencial vigente, que empiezan a tocar otras puertas para la denuncia. La percepción generalizada y creciente que en Los Pinos llevan a cabo actos claros y enérgicos de censura de prensa, empieza a llevar a los grupos de interés mexicanos, molestos con el gobierno, a buscar otras salidas para sus denuncias, socializando a nivel internacional este fenómeno exacerbado.

The Wall Street Journal fue el que reveló la casa de campo de Videgaray. Ahora el Times retomó, a partir de una nueva acción preferencial del presidente a “su constructor preferido”. El tema del conflicto de interés no se va a detener. En Los Pinos le dijeron al Times que cualquier duda sería aclarada por la Función Pública; Videgaray guardó silencio. Andrade va a difundir un reporte donde, pocos dudan, liberará al Grupo Higa de privilegios en las licitaciones, y al gobierno de conflicto de interés. Legalmente será saldado. Políticamente, la percepción de corrupción habrá irreversiblemente manchado esta administración.

Twitter: @rivapa

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