Opinión

El Congreso mexicano deberá pensar cinco veces si ratifica el TPP

 
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Contenedor. (El Financero)

La semana pasada terminaron las negociaciones del Tratado Comercial del Pacífico (TPP por sus siglas en inglés). Las autoridades mexicanas celebran, argumentando que México obtendrá beneficios importantes del acuerdo. Los especialistas internacionales con que he podido platicar, incluyendo a mexicanos y extranjeros que intervinieron en la negociaciones del TLCAN, no son capaces de concretarme cuaá es el saldo esperado para México: pérdidas se temen muchas; ventajas, muy escasas, todas dependientes de que México pueda construir con políticas adecuadas, capacidades competitivas para exportar y defender sus mercados en México y el exterior, lo que no ha querido hacer en los últimos 20 años.

Si es así, ¿por qué lo está firmando nuestro gobierno, que ya tiene acuerdos de libre comercio e inversiones con los EU, Canadá, Japón, Perú y Chile. ¿Por agregar seis mercados difíciles, lejanos y de poca cuantía relativa --Malasia, Singapur, Vietnam, Australia, Nueva Zelanda y Brunei? ¿Por acompañar a EU en su estrategia polémica frente a China?

El Premio Nobel Joseph Stiglitz, considera en un artículo reciente con Adam Hersch (La Jornada 03-10-15) que a partir de los términos conocidos de estas negociaciones y de textos confidenciales, “las esperanzas del presidente Peña Nieto se encuentran fuera de lugar. Los negociadores de México parecen rendirse ante las demandas de las empresas de los países avanzados sin beneficio para su país”.

El Congreso mexicano y el Senado en particular, deberán escudriñar con lupa este acuerdo y al igual que los de los otros países firmantes defender los intereses nacionales frente a los de las grandes empresas trasnacionales de países avanzados de la región, que son las verdaderas beneficiarias del TPP.

Todavía se mantiene en México la controversia de las bondades del TLCAN. Si bien México se benefició con inversiones y empleos en algunos sectores como el automotor, la maquila de exportación y las hortalizas, no hay duda de que los productores pobres de maíz y otros granos básicos fueron grandes perdedores, frente a los productores de EU, que han seguido recibiendo grandes subsidios. Algo similar ha sucedido con diversos sectores industriales y de servicios --transporte carretero y marítimo, por ejemplo-- que cuentan con ventajas financieras y reservas de mercado que actúan en beneficio de las empresas de EU.

Pero más grave, sin duda, ha sido la decisión de los diversos gobiernos mexicanos desde los 90 de mantener totalmente abiertos nuestros mercados a las importaciones y a licitaciones internacionales a pesar de que nuestros productores no cuentan con financiamiento, insumos y servicios e infraestructura internacionalmente competitivos, --mucho menos con políticas de fomento a la inversión y el empleo-- comparables a las de países avanzados y sobretodo de países emergentes asiáticos, incluyendo a China e India, pero también a Malasia y Vietnam.

Pero esas batallas se quedan cortas frente a las que se avecinan, como consecuencia de los acuerdos conocidos hasta ahora del TPP:

1º Las grandes empresas trasnacionales de medicamentos biotecnológicos ganaron una protección extra de ocho años para la vigencia de sus patentes, ya de por si larga de 20 años, lo que afectará a los productores y exportadores nacionales de genéricos y a los consumidores --la seguridad social y los pacientes-- que ahora tendrían que pagar precios altos durante plazos mayores. Ello va en contra de los objetivos de desarrollo en salud recién acordados en la ONU.

2º En materia automotriz se redujo el contenido mínimo regional de 62.5 por ciento del TLCAN a 45 por ciento. --ciertamente por arriba de 30 por ciento que quería Japón-- pero indudablemente en beneficio de las armadoras asiáticas y en detrimento de los fabricantes de partes en México y Canadá. Todavía no está clara la negociación final y como continuará el pataleo entre empresas armadoras de EU, Japón, Corea del Sur y Alemania, que tienen intereses en conflicto e inversiones en algunos países asiáticos y pueden intentar sortear las regulaciones a través de incentivos y depreciación de sus monedas. Lo que es claro es que la situación actual, favorable en divisas y empleo para México (no obstante los bajos salarios) puede verse afectada negativamente y dependerá de arreglos entre empresas extranjeras, no de los intereses de México.

3º En sectores de la industria ligera, como las prendas de vestir, el calzado y productos del acero, el ingreso de Vietnam al TPP es visto como un peligro real. México tiene ya un comercio muy deficitario con ese país; sus empresas, igual que las chinas, suelen ser en alta proporción de propiedad estatal --nacional, provincial o de las
ciudades-- con bajos salarios y grandes subsidios para mantener los niveles de empleo. Utilizan materiales chinos subsidiados. En el último momento EU llegó a un acuerdo para darle acceso preferencial a sus prendas de vestir, lo que pone en desventaja a los productos mexicanos.

4º En materia agropecuaria, la Secretaria de Economía insiste que se amplió el mercado mexicano, en especial para carne de cerdo y de res a Japón, pero se trata de un sector donde los subsidios son omnipresentes --arroz y lácteos en Japón y Nueva Zelanda--. Los productores mexicanos temen una desgravación inmediata y en cambio, argumentan no contar con los apoyos necesarios para impulsar la producción y exportación nacional. En azúcar, la cuota privilegiada de México en EU se mantiene, pero compartida por Australia.

5º El TPP limitaría que los gobiernos aprueben reglamentaciones nacionales para proteger la salud pública, el medio ambiente o condiciones laborales que puedan afectar las ganancias previstas por las ET, en la medida en que estas podrían optar por solución de controversias a través de mecanismos nuevos entre inversores y estados (ISDS por sus siglas en inglés). El arbitraje sería privado y vinculante --incluso si el resultado contradice las leyes nacionales-- y las ET recibirían compensación si sus ganancias esperadas son afectadas. Ello cambiaría radicalmente los principios vigentes en detrimento de los estados naciones y de las mayorías.

Para concluir, quisiera regresar a palabras de Stiglitz: “Una mayor integración comercial y de inversión con el mundo es muy prometedora para México, pero el TPP no es la manera de lograrla: No hay evidencia de que sus protecciones a los inversionistas y a la propiedad intelectual aumentarán la inversión extranjera o la innovación. Lo que asegurarán es que una mayor parte de los sueldos de los esforzados trabajadores mexicanos termine en los bolsillos de las corporaciones extranjeras”.

En México, como en Canadá, Chile y Perú y los mismos EU, los ciudadanos, los legisladores y la mayoría de los empresarios han estado al margen de las negociaciones, opinando de oídas. Hillary Clinton ha denunciado esta anomalía y se opone a su aprobación. Lo mismo sucede con la oposición a Harper en Canadá. Toca el turno a nuestros Congresos y ciudadanos organizados exigir rendición de cuentas, defender el interés nacional y reglamentar la implementación de leyes recientes, como la que impulsa la competitividad y la productividad de la producción nacional.

El autor es investigador asociado del Colmex y exdirector general de la ONUDI.

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