Opinión

El club de las renuncias inútiles

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Apolinar Mena, secretario de Comunicaciones del Estado de México

Más de diez días después de que se conocieran los audios donde se le escucha cómo pidió a la constructora OHL que le pagasen una vacación familiar en un exclusivo hotel de la Riviera Maya, cayó por fin el secretario de Comunicaciones del Estado de México. La salida de Apolinar Mena de la administración estatal pudiera ser una mala noticia para él y para su familia, pero no es, ni remotamente, una señal de que en nuestro país se consolida la rendición de cuentas. No confundir.

La manera en que se ha procesado la salida de este funcionario del gabinete de Eruviel Ávila denota que el gobierno mexiquense intenta forzar una operación cicatriz. El mandatario está lejos de ver el caso como una crisis. Ayer, al anunciar la caída de Mena, Eruviel dijo que este lunes dará a conocer el nombre del encargado de despacho de Comunicaciones del Edomex para que las obras “no paren, al contrario, continúen por buen camino”.

¿Por buen camino? Los audios que provocaron la caída de Apolinar Mena están ligados, forzosamente, a otros donde se escucha, con portentoso detalle, a funcionarios de la constructora OHL hablar de supuestos fraudes cometidos en autopistas del Edomex. Si los audios alcanzaron para provocar la salida de Mena, entonces también deben activan una serie de interrogantes.

¿Por qué “se le aceptó la renuncia” a Apolinar Mena? ¿Lo procedente no era más bien el cese? ¿Y qué hay de una inhabilitación?, como bien planteaba este mismo domingo la senadora Laura Rojas, que consideró insuficiente la medida adoptada por el Edomex. Y sobre todo, ¿qué hay de una investigación de verdad, de una que no se quede en las apariencias?

La renuncia de Apolinar Mena es a estas alturas inútil, irrelevante en el plano de lo público. El gobierno mexiquense ha fallado en los tiempos y en las formas. A las pocas horas de surgidos los audios, esa administración estatal debió haber establecido si esas grabaciones tenían visos de veracidad. Con ello, Apolinar Mena debió haber sido separado, de manera provisional si se quiere, de su puesto.

Eruviel habría ganado credibilidad si hubiera impedido que Mena saliera a desmentir en rueda de prensa y en entrevistas lo que todos escuchamos. Los audios eran tan contundentes que el recurso de “me sacaron de contexto” insultó la inteligencia de la ciudadanía, agraviando aun más a la opinión pública.

Los gobiernos han fallado en entender que una crisis como esta representa la oportunidad de corregir estructuras para tratar de evitar la corrupción. Si sólo entregan la cabeza del funcionario, sin modificar ni las condiciones que hicieron posible el abuso, nada cambiará.

Podemos temer un escenario final parecido al del caso David Korenfeld. La sanción es mínima para el funcionario y estéril para la sociedad.
Luego del show del helicóptero vacacional ¿aprovechó la administración Peña Nieto para revisar, corregir y/o publicar nuevos protocolos de uso de transporte de funcionarios federales? La respuesta es obvia.

Otro saldo negativo de esta crisis es que, una vez más, parece que estamos condenados a agradecer a supuestos vengadores anónimos, que filtran estas grabaciones cuya calidad y alcance obligan a concluir que hay muchas más llamadas, de este y de otros casos. La inacción gubernamental alimenta la equivocada idea de que es bueno que surjan este tipo de audios. Dormimos con el enemigo.

Sugerencia para Mena y Korenfeld: abran el club de renuncias inútiles. Es cuestión de tiempo para que se les sumen otros, todos con el común denominador de que su escandalosa historia habrá servido de muy poco.

Twitter: @SalCamarena

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