Opinión

El ciudadano Cuarón

El cineasta Alfonso Cuarón ha comprado dos planas, una en su periódico Reforma y otra en La Jornada para publicar “10 preguntas del ciudadano Alfonso Cuarón al Presidente Peña Nieto”. El documento contiene las dudas de Cuarón respecto a la reforma energética. Gamés no pudo evitar la similitud y caviló: tratándose de cine, si hay un ciudadano Kane, hay un ciudadano Cuarón. El cineasta le agradece al Presidente sus mensajes de felicitación y aprovecha para compartir sus preocupaciones ciudadanas respecto al futuro del país. Es bueno preocuparse por la nación, incluso por el nacimiento de una nación, medita el cinematográfico Gilga.

A Gamés no le parece raro que Cuarón le responda y le pregunte al Presidente, faltaba más, si lo soporta un éxito de caballo (si hay operaciones también hay éxitos de caballo), un triunfo excepcional, un Oscar, admiraciones y elogios en el mundo entero. Se le agradece a Cuarón que llegue rápidamente en su texto a la miga del asunto al responderle al Presidente, quien le reprochó que no estuviera bien informado: “No estoy informado porque el gobierno que usted encabeza no ha compartido conmigo –con nosotros, los mexicanos- elementos indispensables para entender el sentido y el alcance de las reformas (…) celebro el júbilo de medio mundo siempre y cuando el principal beneficiado –económica y socialmente– sea mi país, sus ciudadanos y que su medio ambiente sea respetado a cabalidad”. La palabra “cabalidad”, por cierto, no existe; en cambio, sí existe “cabal”: ajustado en número, peso y medida. Qué pesado se pone Gamés con su intratable diccionario en la mano, en fon.

Gil no quisiera portarse como el hombre que sabía demasiado, (gran guiño hitchcockiano), pero en esto Cuarón tiene razón: el gobierno del Presidente Peña no ha explicado, o no ha querido explicar con peras y manzanas en qué consiste la reforma, o bien: sus explicaciones han sido pobres, ineptas, insuficientes, como una película de los hermanos Almada: todos actúan con gran convicción, pero nadie sabe actuar. Los argumentos del gobierno de Peña para defender a la reforma energética han sido silenciosos, como una película muda, El acorazado Potemkin, y tan aburridos como la obra clásica de Einsenstein. Oh, sí.

El ciudadano Cuarón se ha gastado su buen dinero en inquirir a la reforma energética a través de preguntas con respuesta incluida en sus temas: cronografía de los beneficios de los mexicanos, afectaciones al medio ambiente, contratos multimillonarios, transnacionales petroleras, corrupción sindical. No nos pongamos roñosos, al ciudadano Cuarón no le falta razón, la última vez que se declaró el crecimiento imparable de México desprendido de las reservas petroleras, López Portillo hundió al país en un crisis sin fondo. ¿Por qué tendríamos que creerle al PRI?

Hay una pregunta que perturba a Gil en este cuestionario (exageración dramática que ni el propio Gil se cree), o le parece demagógica, o innecesaria: “¿Cómo asegurar que las utilidades no se canalicen a la expansión de la burocracia sino que lleguen al propietario original de esos recursos, que es el pueblo mexicano?”. Veamos: ¿el pueblo bueno o el pueblo malo? Porque se sabe que así como no hay de dos sopas, sí hay de dos pueblos, uno bondadoso, otro malvado.

Ciudadano Cuarón: nada más útil para un artista que hablar sólo por sí mismo, de otro modo el creador se convierte en mensajero de cosas, casas y causas.

Así las Casas (muletilla histórico indigenista cortesía de González de Alba), cuando Cuarón pone punto final a su misiva algo suena extraño: “Le agradezco la atención a esta carta. Quedo, junto con muchos mexicanos, en espera de su respuesta”. ¿Cómo sabe el cineasta que muchos mexicanos esperan una respuesta? ¿Platicó con ellos, le mandaron cartas al ciudadano para expresarle su deseo de obtener respuesta, habló por teléfono con muchos mexicanos? Caracho, no empecemos a salvar a la humanidad.

Gil dice: que los creadores se hagan cargo de sus posturas políticas y no pisen la trampa de oso de la salvación del territorio, en fon. Ahora mal: la reforma energética se celebrará en el mundo entero con ditirambos (grandísima palabra) como dice el Presidente Peña que ocurre en el planeta, pero su argumento no está claro o es inexistente, un poco como ha pasado con Gravity, la película laureada ha recibido elogios y premios a puñados, pero no tiene argumento. A lo mejor, las grandes cosas no deben tener argumento. Qué raro es todo.

La máxima de Ettore Scola espetó dentro del ático: “El cine es un espejo pintado”.

Gil s’en va

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