Opinión

'El Chapo', el timón y la tormenta

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El Chapo Guzmán. (Ilustración)

1. No es verdad. O, al menos, no siempre es verdad que una imagen dice más que mil palabras. El audio del video de la fuga de El Chapo confirma, sin lugar a dudas, lo que se colegía: estamos ante un coloso de complicidad y corrupción, que implica altas autoridades.

2. Los magros, por no decir nulos, resultados de la investigación y detención de los responsables de la huida –por obra u omisión– ponen en evidencia, por otra parte, que no hay voluntad para ir hasta las últimas consecuencias. La impunidad y la complicidad reinan y gobiernan.

3. La fuga ha puesto en el aparador al patito feo de la transición política mexicana: la crisis del Estado de derecho. Las expresiones son muchas, pero hay dos particularmente notables: corporaciones policiacas paupérrimas y mal preparadas; un sistema de impartición y procuración de justicia ineficaz y corrupto.

4. En 2014, Ernesto Zedillo puso el dedo en la llaga: si bien hace falta mejorar la educación o infraestructura, en primer lugar se debe atender el Estado de Derecho, ya que eso permitirá abordar otros temas en el país.

5. Pero la realidad es que ni la llegada del PAN al poder ni la alternancia de la alternancia, el regreso del PRI a Los Pinos, se han traducido en un fortalecimiento del Estado de derecho. Antes al contrario, el gobierno de la República no lo contempla siquiera como una prioridad.

6. Este impasse, que viene de hace decenas de años, no es una maldición ni una tarea imposible de resolver. Se explica, en realidad, por una falta de voluntad política del conjunto de los partidos y la
–consecuente– insuficiencia de recursos. El expresidente Gaviria lo sintetizó en un dato: mientras Colombia destina 5.0 o 6.0 por ciento del PIB a las fuerzas de seguridad, México gasta apenas 1.0 por ciento.

7. Para entender lo que ha pasado no son necesarios referentes internacionales. Los organismos electorales son un ejemplo de lo que se puede hacer con recursos y voluntad política. En un lapso de nueve años (1988-1997) pasamos de conflictos electorales a la alternancia y el pluralismo, que culminaron con la victoria de Fox.

8. La edificación del IFE –ahora INE– y del Trife, así como el financiamiento a los partidos y la mayor equidad en la contienda, se alcanzaron mediante acuerdos y una gran cantidad de recursos. En otras palabras, se avanzó porque era una prioridad para la clase política.

9. La justicia y la seguridad, hay que repetirlo, no están en los principales puntos de la agenda de los partidos. Si lo hubieran estado, habrían sido inscritas y operadas en el Pacto por México. Por eso tenemos reformas en educación y telecomunicaciones, pero cambios pírricos en las corporaciones policíacas y el sistema de impartición de justicia.

10. El problema, por lo demás, va más allá de una ciudadanía harta de un sistema que no ofrece justicia pronta ni expedita y suda corrupción por todos los poros; el problema toca la estructura fundamental del Estado porque se utilizan las Fuerzas Armadas para labores policiacas, para las que no están diseñadas.

11. Las consecuencias de ese uso indebido son evidentes. Se les expone innecesariamente a dos grandes riesgos: a) la corrupción de los mandos altos y medios por el crimen organizado; b) la participación en operativos que pueden ser denunciados por violación de los derechos humanos.

12. En lo que se refiere al sistema de impartición de justicia, menciono algunos datos elocuentes: el 40 por ciento, o más, de los reos están confinados por delitos menores a dos mil quinientos pesos; mientras al exgobernador Vallejo no se le fincó responsabilidad alguna por presunta complicidad con Los Templarios, el Dr. Mireles –líder de las autodefensas– continúa detenido por portar arma prohibida; y, para completar el panorama, litigios entre particulares, como Jorge Vergara contra Angélica Fuentes, evidencian que la justicia está al servicio del mejor postor.

13. Es indispensable reconocer que el fortalecimiento del Estado de derecho, tanto del lado de las corporaciones de seguridad como del sistema de impartición y procuración de justicia, es demasiado importante para dejarlo en manos de una clase política pichicata, que es responsable –en este caso– del timón y la tormenta.

Twitter: @sanchezsusarrey

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