Opinión

El buen domador
por su circo empieza

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EPN

El presidente Peña ha vuelto a uno de sus temas favoritos: la corrupción es un problema “cultural” de los mexicanos. Ahora fue más allá: elevó (o degradó, según se vea) el nivel de su perspectiva con una nueva dimensión. Presumió que, con los nuevos sistemas de transparencia y de combate a la corrupción, “lo que estamos haciendo es domar auténticamente la condición humana”.

Quizá Peña Nieto no se atreve a decir la palabra correcta, porque en ella habría un claro elemento de autocrítica. La corrupción en México no es cultural, sino institucional. No viene impresa en la genética nacional, sino permeada a lo largo de toda una vida en que un refrán dominante es “quien no transa no avanza”, y en la que toda persona que puede robar impunemente y no lo hace (sobre todo de las arcas públicas) no merece ser considerada honrada, sino verdaderamente estúpida.

Porque un mexicano que cruza la frontera y se pasa un alto en San Diego jamás ofrecerá una mordida al policía que lo infracciona. Peña parece no entender (es de suponerse que lo hace perfectamente) que esa “cultura” de la mordida se desvaneció en esa persona como por arte de magia. Pero lo sencillo es condenar la “cultura” y alegar que erradicarla tomará un largo, muy largo tiempo (más de un sexenio, claro). La cómoda visión presidencial presenta corrupción sin responsables. Sólo le falta medio citar a su antecesor, José López Portillo, y proclamar “la corrupción somos todos”. Porque hablar de la “condición humana” es referirse a todos o a ninguno, cuando el origen de muchas instituciones incluso podridas hasta la médula se llama gobierno… y en el periodo 2012-2018 es su gobierno.

Incluso en la construcción de instituciones como el Sistema Nacional Anticorrupción asombra (o quizá no debería) que Peña Nieto y su partido han mostrado escaso entusiasmo en su creación. Más bien parece que, puestos contra la pared, no tuvieron más remedio que acceder ante el fuerte clamor social. A diferencia del vendaval reformista de 2012-14, en este caso el gobierno actuó con parsimonia. Lo que no significa que Peña no deba reclamar crédito por el empuje, al cabo decisivo, de las reformas anticorrupción. De hecho, ojalá sean tan transformacionales como la energética o la de telecomunicaciones.

Pero al Presidente le falta la dimensión inmediata y, además, personal. Las instituciones deben complementarse con acciones urgentes.

Porque, destacadamente, entregarle dinero a la CNTE a cambio de bloqueos y marchas, y no de trabajo, es una forma de fomentar la corrupción. Porque en su entorno han aflorado lo que se ha dado en llamar “conflictos de interés”. Tal vez no sean ni eso, tal vez mucho más. Su circo tiene al menos tres pistas: instituciones de largo plazo, fuertes acciones de corto plazo en su ámbito de gobierno y las problemáticas sombras personales. Insiste que sólo existe una pista y descarta las otras hablando de cultura y condición humana. Pero el buen domador por su circo empieza.

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