Opinión

"El Bronco", a la lona
en el primer 'round'

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Jaime Rodríguez Calderón estuvo en la Ciudad de México. (Eladio Ortiz)

Se la tenían jurada, y se la cobraron. O mejor dicho, se la comenzaron a cobrar. En los últimos días, a Jaime Rodríguez le dieron una probada del chocolate que sus enemigos le recetarán cada vez que algo vaya mal en Nuevo León.

La muerte de 49 presos ocurrida en una riña en el penal de Topo Chico fue el pretexto a modo de una anhelada revancha. Políticos de todos los partidos y diversos medios de comunicación se montaron en la tragedia con un mensaje simplista: por acción u omisión, el culpable es El Bronco, clamaron en una sola voz.

La realidad no es así; la tragedia de Topo Chico se engendró a partir de diversos males (sobrepoblación, mezclar presos de alta peligrosidad con reos en proceso, corrupción, autogobierno, falta de coordinación con el gobierno federal, etcétera).

Pero la política sí es así. Jaime Rodríguez El Bronco humilló a la partidocracia en las elecciones de 2015, ayuda los fines de semana a otros broncos e intentará ir por la grande en 2018… por eso la clase política, y sus aliados en los medios, no tienen reparo alguno en utilizar a los muertos de Topo Chico como metralla. Con esos cadáveres y con un poco que se equivoque el gobernador, el experimento de los independientes sufrirá un descalabro mayor.

El Bronco ha argumentado que cuatro meses en el gobierno es un periodo en el que es imposible desmontar problemas de años. Tiene algo de razón, sin embargo, el gobernador parece atorado en el síndrome Fox: sigue enamorado de su proeza electoral pero de sus primeros pasos en el gobierno estatal poco o nada se puede mencionar.

En el arranque de su administración, tres agendas de alta visibilidad mediática están atoradas: el procesamiento de Rodrigo Medina, la solución del Acueducto Monterrey VI y la polémica por la instalación, que ya presenta retrasos, de la planta de la armadora KIA.

Hace poco alguien del equipo del alcalde tapatío Enrique Alfaro explicaba por qué no se habían planteado el cobro de facturas políticas como un eje de campaña: la promesa de procesar a exfuncionarios priistas del ayuntamiento de Guadalajara podría frustrarse en un laberinto burocrático, donde demasiados intereses se combinarían para hacer fracasar a quien se erigiera como justiciero.

El Bronco prometió cárcel para el exgobernador Medina y/o su familia. Demasiados intereses se atravesarán antes de que el gobierno estatal logre armar el caso. Como en el sexenio de Fox con Barrio y los peces gordos.

En el caso de Monterrey VI, El Bronco ya no sería partidario de echar abajo todo el proyecto –visto como una obra más a favor del grupo Higa, aunque también la realizaría ICA–, sino sólo de revisar y/o corregir el esquema de financiamiento. ¿La gente le comprará el argumento de que al final de cuentas esa obra no era tan mala idea?

En el tema de KIA, además de los compadres de Rodrigo Medina que se enriquecieron vendiendo terrenos para esa obra, el gobierno del Bronco ve abusivas las condiciones en que se pactó la llegada de la armadora coreana, por lo que busca una renegociación. Medina fue tan generoso con los coreanos que el costo del banquete de la inauguración de la planta correría a cargo de la administración.

El Bronco debe aprender que su proeza electoral ya es historia. Su futuro depende de un ejercicio de gobierno medianamente eficiente. Porque en el día a día, sus enemigos estarán prestos para enviarlo de nuevo a la lona, donde terminó en el primer round.

Twitter: @SalCamarena

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