Opinión

'El Bronco'

 
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El Bronco. (ilustración)

Crece la probabilidad de que sea el próximo gobernador de Nuevo León. Cinco razones. Primera, el hartazgo con el bipartidismo PRI-PAN. Ambos han gobernado la entidad y los municipios más importantes y hay historias de corrupción y abuso del poder que involucran a miembros de ambos partidos. Los niveles de corrupción que se señalan del actual gobierno estatal han traspasado límites tolerables.

Segunda, la postulación de la candidata del PRI que se percibe sin la experiencia y talento para gobernar. Un segmento del sector empresarial deseaba que el candidato fuera Ildefonso Guajardo, secretario de Economía, un funcionario respetado y con experiencia política en la entidad. En el caso del PAN, la postulación de su candidato tampoco despertó entusiasmo: se dice que de haber sido Fernando Elizondo el abanderado –quien ante la negativa de ser postulado renunció para ser abanderado por Movimiento Ciudadano– el PAN podría haber ganado la gubernatura.

La tercera razón de un probable triunfo de El Bronco es la innovadora campaña a través de medios sociales que le ha permitido atraer a decenas de miles de simpatizantes a pesar de tener el espacio cerrado en muchos medios de comunicación locales.

Cuarta, el apoyo discreto del sector empresarial que ve al candidato rebelde con simpatía a pesar de la “presión” ejercida desde el centro para que se apoye a la candidata del PRI.

Y quinto, la declinación de Elizondo la semana pasada constituye un acicate para mitigar los negativos del candidato independiente. Si El Bronco genera temores por su potencial populismo o sus modos dicharacheros, Elizondo es justo lo contrario: mesurado, equilibrado y con fama de honesto. La combinación puede ser virtuosa.

Si se concreta su triunfo se trataría del evento político del año y quizá uno de los momentos de quiebre del sistema de partidos como lo conocemos hoy. No significa inaugurar la democracia ciudadana sino generar una nueva gama de incentivos para la transformación de los partidos. Ni las encuestas de desaprobación ni las marchas ni la crítica social han sido motivos poderosos para que los partidos ajusten sus prácticas habituales, mejoren la selección de candidatos y combatan la corrupción que los carcome. El triunfo de un candidato sin el aval de partidos políticos (este es el término descriptivo adecuado, no candidato ciudadano) sería un shock de enormes proporciones que motivaría con mayor eficacia el cambio al interior de los partidos y su fortalecimiento.

Ciertamente El Bronco puede ser muy bronco y de impulsos caudillistas y populistas, pero es de bajo riesgo por cuatro razones. Primero, porque ocurre en Nuevo León, una entidad con un sector empresarial de mucho peso que sí actúa como balance real del poder político. Segundo, porque también existe una sociedad civil organizada que ejerce crítica de gobierno. Tercero, porque hay algunos medios de comunicación con independencia que son cajas de resonancia de los problemas de la entidad. Y cuarto, porque El Bronco ha mostrado disposición para integrar su equipo de gobierno con personalidades de la academia, el mundo empresarial y diversos gremios.

Quizá el mayor riesgo de un eventual gobierno “independiente” sea la falta de resultados. Una administración llena de buenos deseos pero sin agenda clara; mucha pasión y energía pero sin estrategia para hacer que las cosas ocurran; muchas iniciativas que se congelen en el Congreso local; muchos talentos individuales que no se traduzcan en un gobierno talentoso; muchas personalidades sin coordinación como un Montessori a la Fox. El mayor riesgo es el desencanto con la figura de candidatos independientes que al final del día acabe justificando el statu quo y generando aún más dudas de que sea posible una vía diferente a la que conocemos.

Pero aun con ese riesgo, Nuevo León puede darse el lujo de un experimento alternativo porque tiene la fortaleza empresarial y social para contrarrestar cualquier locuacidad que surgiera del gobierno del estado. Y el beneficio sería para el país: conocer los alcances y limitaciones de la llamada democracia ciudadana y obligar a una refundación de los partidos.

El Bronco ya ganó la campaña -me dijo hace poco un estratega político-, pero no sé si ganará la elección”. Aun y cuando no ganase el 7 de junio, su éxito es ya un precedente para la elección presidencial de 2018. Si ganase la contienda, no sólo sería él un potencial candidato en aquel año, sino que cundiría el ejemplo y habría muchos interesados en serlo y muchos en patrocinarlos.

No creo en la democracia al margen de los partidos; creo que el discurso y retórica de la antipolítica conduce al final del día a más demagogia, autoritarismo y abuso del poder. Pero tampoco veo cómo los partidos quieran cambiar a menos que sean obligados desde afuera. Por esa simple razón, la de que el sistema de partidos se fortalezca, creo que el triunfo de El Bronco sería una magnífica noticia para México.

Twitter: @LCUgalde

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