Opinión

El balance de la era Carstens

 
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Carstens

Hace 7 años, el presidente Calderón nominó al Dr. Agustín Carstens para gobernador del Banco de México, después de haber ocupado la Secretaría de Hacienda, durante 3 años, ciclo que termina este 30 de noviembre, ya que a partir de este viernes, Carstens ocupará formalmente la Gerencia General del Banco Internacional de Pagos en Basilea Suiza, institución que podría definirse como el Banco Central de los Bancos Centrales; convirtiéndose así en el primer banquero central de una economía emergente que es nominado para este cargo.

El periodo que le tocó a Carstens como gobernador del Banco central de nuestro país fue particularmente complejo. La economía mundial estaba aún inmersa en la crisis financiera sistémica a nivel global del 2008. Pero también le tocó la crisis de la deuda europea, la guerra de precios del petróleo y más recientemente la era del Presidente Trump.

¿Qué podríamos destacar de su gestión?

Lo primero que se destaca es que en su periodo se ha consolidado la autonomía del Banco de México, y su credibilidad a nivel mundial. Carstens fue una voz crítica sobre el endeudamiento del Gobierno Federal y la elevación del déficit fiscal en los primeros años de esta administración. También planteó abiertamente la necesidad de hacer recortes a los presupuestos de gasto en Pemex después del desplome de los precios del petróleo.

En segundo término, podríamos resaltar que durante su gestión se fue afianzando el régimen de libre flotación, en donde los ciudadanos ya nos hemos acostumbrado a los vaivenes en la paridad, y se nos ha borrado la imagen de un tipo de cambio que sólo sube, como sucedía en los ochentas o noventas. Las reservas internacionales no fueron usadas más que en casos justificables para atenuar algún movimiento brusco en el precio del dólar y en los flujos de capitales internacionales.

También se dio durante su mandato la transferencia del cálculo de la inflación al Inegi, en donde el Banco fungía como juez y parte, en junio del 2011, lo que fue un proceso sumamente exitoso.

Un cuarto aspecto a destacar es un radical cambio en su política de comunicación, en sintonía con lo que ha estado pasando con los grandes bancos centrales internacionales. La apertura de la comunicación de Banxico es radical. Hace unos cuantos años, no se podía conocer el monto de las reservas internacionales más que en dos fechas, el 31 de agosto, que se daba a conocer el día del Informe Presidencial y el del cierre del año, cuando aparecía publicado el anuario del Banco, por ahí del mes de abril. Hoy en día conocemos lo que día con día operó el Banco en el mercado de dinero. Semana a semana se nos informa del saldo de las Reservas Internacionales, se tiene un comunicado inmediato de las sesiones de la Junta de Gobierno, incluso se publican las minutas de las reuniones, se dan ruedas de prensa y se tiene un continuo ejercicio de participación en los medios.

Otro aspecto destacable es el abandono del instrumento del Corto Monetario como herramienta fundamental de la regulación monetaria, reforzándose el del objetivo de inflación, y el uso de la tasa de referencia como el principal instrumento de política monetaria.

De suma importancia resulta también el establecimiento de la línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional, que sirve como un elemento de blindaje adicional al respaldo que intrínsecamente hacen las reservas sobre nuestra moneda.

Más recientemente el relanzamiento del programa de coberturas cambiarias liquidables en pesos (coberturas virtuales) mecanismo que ha fungido como un amortiguador a los movimientos especulativos contra el peso.

Carstens se lleva el récord histórico de la inflación más baja en algunos de estos 7 años. Debe advertirse que en esos años se corrió con la suerte de que los precios de los energéticos fueron reducidos artificialmente para justificar la reforma de energía, y también se eliminó la tarifa de larga distancia en telefonía. Como contraparte, el periodo de Carstens termina con el último dato de inflación reportado la semana pasada en 6.59% (119% por arriba de la meta de inflación del 3%), básicamente por el ajuste alcista que tuvo que aplicar el secretario Meade a principios de este año en los precios de los energéticos. Pero el promedio de su gestión sí se ubica dentro del rango meta establecido.

Quizás el hecho más acertado y que pone de manifiesto el talento de Carstens, es la estrategia seguida durante su gestión para afrontar la enorme distorsión que estaba generando la Reserva Federal con su política monetaria cuantitativa extrema, en donde la tasa de Fondos Federales fue disminuida al 0 – 0.25% y se crearon en menos de cinco años 3.5 billones de dólares.

Carstens adoptó gradualmente una política de absorción de esta liquidez exagerada, mediante la reducción en la tasa de referencia a un mínimo histórico del 3%, al mismo tiempo en que se acumularon reservas internacionales por arriba de los 195 mil millones de dólares, pero advirtiendo que el riesgo de una salida de flujos financieros globales ante la eventual corrección de la política monetaria extrema americana podría incidir gravemente en los mercados emergentes, por lo que se decidió en forma adelantada ir subiendo la tasa de referencia hasta el 7% actual, aún sin presiones inflacionarias evidentes.

Sin lugar a dudas esta política monetaria nos ayudó a afrontar sin graves consecuencias la tormenta perfecta que estamos viviendo hoy en día con la negociación incierta del TLCAN, la amenaza de la Reforma Fiscal de Trump, y la incertidumbre política que se avecina con las elecciones presidenciales. Por más que sepamos que el Banco de México es un organismo sumamente institucionalizado, nos preguntamos si ¿El próximo gobernador llenará los zapatos que deja el Dr. Carstens?

* El autor es presidente de Bursamétrica.

Correo: eofarrills@bursametrica.com

Twitter:
@EOFarrilS59

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